Diez soluciones

Sin título

11 de mayo de 2009 (11:49 CET)

Creo firmemente en las fuerzas del mercado libre. No obstante, nos encontramos en unas circunstancias muy excepcionales y, en consecuencia, el Estado también debería tomar medidas excepcionales.

El mayor problema actual de la economía española es que vivimos una galopante crisis de confianza. Los datos económicos son los que son, pero con la actitud generalizada de pesimismo que nos rodea, contribuimos a que todo vaya a peor. Si soy pesimista ante el futuro, por si acaso, consumo menos, no vaya a ser que si no guardo ahora no tenga para comprar más adelante. Si el consumo baja, las empresas producen menos, ya que no quieren tener riesgos por acumulación de stocks no vendidos. Si las empresas producen menos, no contratan nuevo personal y despiden a parte del que tienen, con lo que aumenta el desempleo. Si aumenta el desempleo, la sensación de pesimismo también aumenta y …. Vuelta a comenzar.

Las crisis de confianza no se resuelven con palabras de optimismo o con promesas de que la situación mejorará, sino con hechos concretos que pueda percibir la ciudadanía.

En España, la situación se ha cebado con dos sectores que han sido, en los últimos años, los motores de la economía y del empleo, que son la construcción y los automóviles.

A continuación, expongo diez posibles soluciones que nos ayudarían a salir de la situación actual y contribuirían a la mejora del consumo, de la inversión, de la producción y del empleo:

1. Reducir drásticamente los gastos improductivos del Estado, tanto a nivel nacional como a nivel autonómico y sustituirlos por gastos e inversiones que realmente creen empleo duradero. Entre los gastos a reducir podrían estar ciertas partidas ministeriales, parlamentos nacionales (en especial, el Senado) y parlamentos autonómicos.

2. Crear incentivos fiscales a la compra de automóviles. Dichos incentivos podrían abarcar desde deducciones o desgravaciones en el Impuesto sobre la Renta hasta reducción ó eliminación de ciertos impuestos indirectos que gravan la adquisición de vehículos.

3. Mejorar los incentivos fiscales a la compra de viviendas (en especial a la compra de primera vivienda). Una medida interesante podría ser la deducibilidad total o parcial de los intereses que gravan los préstamos de viviendas.

4. Fijar un tope máximo en el diferencial de interés que los bancos y cajas de ahorros establecen en los préstamos hipotecarios, tanto en los concedidos al promotor durante la construcción, como al adquirente final de la vivienda. Un tope máximo de dos puntos sobre el euríbor vigente en cada momento podría ser razonable.

5. Llevar a cabo un programa serio de rehabilitación de carreteras ¡Que falta nos hace, con la consiguiente inyección de fondos públicos productivos.

6. Volver al fomento de la inversión empresarial, con el establecimiento de deducciones por compra de inmovilizados industriales, planes de amortización acelerada para la inversión industrial, etc.

7. Establecer incentivos al sector bancario (bancos y cajas de ahorros) en la concesión de créditos, mediante medidas como la bonificación en el cumplimiento de coeficientes bancarios.

8. Volver al fomento fiscal en la creación de empleo, mediante medidas de incentivos fiscales para las empresas que contraten nuevos trabajadores por un período mínimo de tiempo.

9. Reducción del Impuesto sobre el Valor Añadido en la compra de productos de consumo, lo que conllevaría un precio menor para el consumidor final y, en definitiva, un mayor atractivo hacia la compra de productos.

10. Y por último, un gran pacto nacional, que incluya a la clase política, a los consumidores, a los directivos, a los empresarios y a los medios de comunicación: “durante tres meses está prohibido hablar de crisis” (excepto que sea para aportar soluciones.
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