Destruir para cambiar

Rafael Suñol

20 de julio de 2014 (13:38 CET)

Microsoft (MS) es una de las empresas caracterizadas por su alto nivel de formación y buenas prácticas, reconocida en todo el mundo. Recientemente, ha comunicado que eliminará el 14% de su plantilla, hecho que podría echar por tierra el principio generalmente aceptado de que la lista del paro se nutre de trabajadores con insuficiente nivel de formación. ¿Nos indica este hecho que tenemos que cambiar el conocido paradigma de empleo igual a cualificacion profesional? Veamos las explicaciones de la compañía.

MS compró a final de 2013 por 7.500M$ la división de móviles de la finlandesa Nokia, que aportó 30.000 empleados al gigante americano. El recorte actual incluye 12.500 empleados de Nokia, de los 18.000 eliminados. ¿Cómo se entiende que se elimine el 40% del empleo de una empresa que acaban de comprar?

Se supone que si la adquieren --recuerden que Nokia ha sido líder mundial hasta hace poco tiempo-- será porque tenía "algo bueno". ¿Cómo es posible que "lo bueno" tenga que irse a la calle? MS cuenta que la mayor parte de los despidos son debidos al cierre de la planta de Hungría, con lo que se viene a decir que la fabricación de móviles no va a formar parte de su "core".

La compañía informa que cambia el foco estratégico, de office y windows a teléfonos, tabletas y dispositivos portátiles, es decir la "informática móvil". Todo muy justificado sobre el papel, pero el impacto del despido de 18.000 empleados en el mundo, se supone que bien formados, nos lleva a plantearnos algunas preguntas.

La primera es de sorpresa, cómo Nokia que se ha mantenido 14 años como líder mundial se dejó ganar por Apple y
Samsung. La respuesta que dan los analistas parece simple. "No vio la evolución hacia el mundo táctil y las nuevas tendencias... hasta perder el 63% de cuota de mercado de que disponía en 2007". Parece que estos cataclismos pasan en la realidad a pesar de que parecía difícil de creer.

La segunda pregunta es si "fabricar" es core business. Para MS parece que no. Cree que es más fácil y eficiente la eliminación que la reconversión. ¿Un empresario europeo tomaría la misma decisión? Me temo que la muy diferente manera de gestionar de los empresarios americanos tiene un componente más desinhibido y arriesgado que sus pares europeos. Y no parece a primera vista que Hungría se caractericé por unos costes de fabricación altos. Un elemento a añadir, para completar el contexto, es el cambio de CEO en MS. Da toda la sensación que es necesario cambiar la dirección para poder tomar decisiones radicales. O ¿despedir 18.000 empleados es normal? ¿O es que la reputación de un líder mundial no se resiente?

La tercera pregunta es si la producción, una cierta producción, tiene que estar integrada en la cadena de valor de una multinacional como MS, en lugar de subcontratarse o externalizarse. En este sentido me viene a la cabeza el film de Barry Levison, de 1994, Disclosure, que en España titularon Acoso Sexual con Demi Moore y Michael Douglas. Una compañía, parecía que de Seattle, fabricaba un producto tecnológico en un país sudasiatico, y, a causa de las luchas por el poder en la sede central, la fabricación se "descontrolaba". No les cuento la película pero, aparte de ficciones americanas, se plantea como debe organizarse una compañía tecnológica, y el papel de los investigadores. Actualmente la tendencia es que los países de la matriz recuperen el control de la fabricación.

Y la última. Este caso me ha recordado el famoso paradigma del gran economista austriaco J.A. Schumpeter de la destrucción creativa. En palabras fáciles de entender sería que para que nazca algo nuevo y distinto antes tiene que destruirse lo anterior.

La globalización está facilitando que las grandes multinacionales de influencia anglosajona practiquen, a nivel mundial, una política destructiva --sin problemas aparentes despiden el 40% de una plantilla-- bien vista por los operadores de los mercados y sin suficiente contra poder de los estados nacionales ni de las organizaciones sindicales.

Con políticas como la de MS en Nokia, en los sectores más capacitados tecnológicamente, no es de extrañar la incapacidad de las autoridades para controlar el grave problema del paro en Europa. Si en uno de los sectores que se tiene que crear empleo de calidad, como son las tecnológicas, se crea paro, no quiero ni pensar que sucederá en otros sectores más tradicionales.

Aquí, en el mercado de la creación/destrucción de empleo también hay algo que no funciona bien.
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