Despedida de 'Economía Digital'

14 de julio de 2015 (17:24 CET)

Como comuniqué hace un par de semanas a la dirección de Economía Digital he decidido dejar de escribir mi columna semanal en el diario. Confirmo que mantengo mi compromiso con el Diario Gol, del mismo grupo.

Han sido casi cuatro años con más de 200 columnas realmente apasionantes. Algunas creo que brillantes, otras monótonas, otras pienso que hasta aburridas. Aunque en definitiva seguro que todas muy sentidas y personales. También arriesgadas que diría alguno, pero ¿qué es la vida sin riesgo?

Mi primera columna fue en noviembre de 2011, citando la canción de Golpes Bajos. Su titulo era malos tiempos para la lírica. Realmente, estos años no han sido malos para la lírica, sino malos para la salud mental de muchas personas.

Hemos asistido a momentos increíbles, incluso delirantes. Un entorno ideal para polémicas donde realmente uno no puede más que agradecer que tantos lectores hayan seguido estas líneas. Mi filosofía, marcada a sangre, cree en la divergencia como el motor del progreso y, por eso, siempre la crítica ha sido mi mayor incentivo. En tono castizo, ¡vamos que me ponen!.

Somos una sociedad afortunada, donde no todos debemos pensar igual. Creo que una columna tiene como función despertar la mente, provocar al personal y, por qué no, debe ser bebida como un licor intenso, hasta colocarse si es necesario.

La verdad es que si en alguna de mis columnas he conseguido alguno de esos efectos me daré por satisfecho. Si no, pues ya saben, quizás deba dedicarme a la lírica. Aunque la verdad me ha gustado más escribir sobre política, economía y tecnología que cantar.

He escrito siempre con la libertad de un medio como Economía Digital. Desde el primer momento tuve esa misma libertad que me permite ahora despedirme de los lectores. Ustedes son los verdaderos protagonistas de mis columnas. Porque, al final, aunque escribiéramos de Artur Mas, ya saben el Astuto, de Mariano Rajoy, de Ada Colau o Pablo Iglesias, ellos no son nadie sin nosotros. Ellos son simples personajes que quizás algún día serán citados en las páginas de un libro. Nosotros gente, personas, que cada día escribimos uno.

Y, sinceramente, con eso me quedo. Muchos lectores, muchos libros que entender, muchas historias que escuchar y muchas vidas para valorar. Los silencios han sido cómplices de mis argumentos. Escuchar es la mejor forma de aprender. Cantaban, de nuevo, Golpes Bajos allá por los ochenta, que no mires a los ojos de la gente,
me dan miedo, mienten siempre. No salgas a la calle cuando hay gente. Pero en esto disiento del gran grupo gallego.

Tengo claro que, por suerte, tenemos un país donde si vale la pena mirar a los ojos a la gente. Y donde, a pesar de muchos, se puede escribir con libertad sobre cualquier tema. Eso sí, si uno tiene la voluntad de hacerlo. Porque ya saben, los cobardes siempre confían que el tiempo todo lo cura.

Decían en su (para mi) último éxito de una hipotética trilogía de Golpes Bajos, Fiesta de los Maniquíes, un párrafo con el que me gustaría acabar mis columnas: Mi pequeña dama dime cómo te encuentras, acaso decepcionada de verme muerto en la escena. Yo quiero ser el guardián de esas noches sin estrellas. No demores tu tardanza que te esperan, Cenicienta.

En fin, en una noche fresca, apenas 15 grados, brisa nocturna en un punto del norte de la península … el reloj se paró a las 23. Ese reloj siempre se paraba a la misma hora, siempre en la vida de algunos las cosas pasan en el mismo momento….

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