Deoleo, un pan como unas tortas

18 de abril de 2014 (20:06 CET)

El fondo anglosajón CVC ya es el primer accionista de la empresa madrileña Deoleo, principal productora de aceite del mundo. El desembarco del grupo inversor se ha producido tras algunas llamadas tardías del Gobierno al cierre de filas, con objeto de salvaguardar la “españolidad” de la compañía. Pero la firma oleícola va camino, sin remedio, de pasar de lleno a órbitas extranjeras.

A mediados de abril, CVC adquirió los paquetes accionariales de los bancos públicos Bankia y BMN, titulares respectivos del 16,5% y el 4,8%, a un precio de 0,38 euros por título. No está de más recordar que Bankia compró los títulos en 2008 a 9,5 euros cada uno. Queda dicho, por tanto, que la operación no pudo ser más desastrosa.

Tras el primer golpe, ahora viene el segundo. Ya se anuncia que Deoleo ampliará capital para que CVC alcance el 29%. El tercero y definitivo se propinará en una fase ulterior, cuando ese fondo lance una opa por el 100%. Pero, de hecho, con su actual lote ya empuña el mando y está legitimado para designar al máximo ejecutivo de la casa.

De momento Caixabank, Kutxabank y Unicaja mantienen --sólo por razones políticas-- sus respectivos cupos, equivalentes en conjunto a un 20%. Los dos primeros habrían vendido encantadas a CVC, pues el comercio de aceite no forma parte de su negocio medular y, además, su entrada en Deoleo les llovió de rebote al hacerse con sendas cajas de ahorros renqueantes. Nadie apuesta un céntimo por su permanencia, y tarde o temprano acabarán traspasando sus acciones al mejor postor.

Lo que en modo alguno se entiende es la apelación “patriótica” del ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, que en breve se largará a Bruselas como eurodiputado. Cañete pretende que la estatal Sepi tome una participación en la olivarera, para contribuir a que ésta siga en manos autóctonas y conserve su sede en el solar hispano.

Lo cierto es que el presunto respaldo de la sociedad pública Sepi tendrá mero carácter testimonial --se dice que apenas un ridículo 2%--, frente al abrumador dominio de CVC. Y en cuanto a la sede social, ningún responsable del fondo ha pregonado que se vaya a trasladar a otras latitudes. Se trata de una cuestión secundaria. Lo definitivo es dónde radica el mando último de las decisiones. Una vez que se perfeccione el aterrizaje del flamante dueño, las líneas estratégicas de la aceitera ya no se fijarán en Madrid, sino en el cuartel general londinense del fondo.

Una apropiación estupefaciente

Los orígenes del asunto que nos ocupa datan de 2001, cuando la arrocera SOS se fusionó con Koipe-Carbonell, de aceites. Hace tres años, la entidad resultante vendió sus negocios y marcas de arroz a Ebro Foods y se centró en el aceite, ya con su nueva razón social Deoleo.

En el intervalo ocurrieron varios episodios rocambolescos. Un solo ejemplo. Los hermanos Salazar, principales socios y ejecutivos de Deoleo, forzaron a ésta a concederles un préstamo por la friolera de 212 millones de euros. Descubierto el chanchullo, fueron defenestrados y se interpuso contra ellos una querella por vaciamiento patrimonial y otra media docena de delitos. Cinco años después, el embrollo sigue empantanado en la Audiencia Nacional.

Por descontado, la irrupción de CVC en Deoleo es sólo temporal. Los fondos inversores compran empresas, suelen engordarlas luego con alguna que otra incorporación rimbombante y, en cuanto huelen una plusvalía apetitosa, dan el pase a un tercero y se esfuman con viento fresco.

En mi opinión, la compra de una firma cotizada no tiene por qué azuzar los ánimos nacionalistas ni inspirar chocarreros argumentos como el carácter estratégico del aceite. Obsérvese que cuantos mostraron interés en la adquisición de Deoleo eran foráneos. Ni un solo grupo indígena dio un paso al frente. Los propietarios de la sociedad, en uso de su libertad, se limitaron a ceder sus títulos al que más dinero pagaba. Y santas pascuas. O como reza el refrán, a quien Dios se la diere, San Pedro se la bendiga. Todo lo demás, incluida la presunta “españolidad”, son alharacas vacías, brindis al sol y ganas de marear la perdiz.
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