Del sí o sí al hoy por hoy

31 de julio de 2014 (00:00 CET)

Artur Mas llegaba a la Moncloa con cierto lastre andorrano y Mariano Rajoy le estaba esperando con las buenas nuevas de la recuperación económica. Equiparable a la de De Gaulle, la talla física de Josep Tarradellas no hubiese cabido en el diminuto salón de actos de la delegación de la Generalitat. Pero es que en su tiempo el centro Blanquerna no existía y por otro lado a Tarradellas no le angustiaba dar sus ruedas de prensa, como todos los dignatarios del ancho mundo, en las salas de la Moncloa. El actual presidente de la Generalitat prefiere escenificar otra opción.

El guión resultante, previsiblemente pactado de antemano, aparca -en los términos fijos de ambas partes- el asunto de la consulta, exhibe el bálsamo de un clima de diálogo y da presencia a una lista de veintitrés puntos que son los agravios económicos según considera el gobierno de la Generalitat.

La pregunta es hasta qué punto consulta y lista de agravios tuvieron ayer en la argumentación de Artur Mas en Moncloa una relación de causa y efecto. Si fuese así, ¿es esa toda la justificación macro-histórica de la iniciativa secesionista? Según la expresión hoy tan usual, ¿son estos veintitrés puntos el relato imperativo que justifica el movimiento independentista?

Al parecer, algo no quedó bien explicado, al menos en la rueda de prensa del presidente de la Generalitat porque no encaja que –por ejemplo- la necesidad de una lanzadera entre la T1 y el centro de Barcelona sea razón suficiente para irse de España y quedarse fuera de la Unión Europea. Políticamente, esa lista o es una insustancialidad o es el hipertexto poco sutil de una tregua. Del sí o sí, al hoy por hoy.

Desde luego, es mejor que estar hablando todo el tiempo de un choque de trenes, un lenguaje simbólico bastante desproporcionado. Cualquiera entiende que un día u otro habrá conexión entre el centro de Barcelona y la T1, sobre todo si se hace política de calidad, con sentido del pacto y de la transacción. Del mismo modo, el endeudamiento y la falta de recursos públicos no son un muro histórico sino una circunstancia. Y a la vez Artur Mas sabe que Rajoy sabe.

 
Tal vez sea un entreacto pactado para ver cómo se puede buscar una salida al laberinto de una consulta que en Barcelona prácticamente nadie cree que se vaya a hacer



Aún así, quien sin preconcepciones siguiese ayer la rueda de prensa de Artur Mas habrá podido considerar que con veintitrés puntos de reivindicación económica de estas dimensiones tan específicas y heterogéneas no se reclama la independencia, ni un derecho a decidir que viene de la inconcreción y allí permanece después del paso de Artur Mas por la capital del Reino.

Tal vez sea un entreacto pactado para ver cómo se puede buscar una salida al laberinto de una consulta que en Barcelona prácticamente nadie cree que se vaya a hacer. Posiblemente eso hizo que la posición de Mas fuera más débil, más a la defensiva. Y, al menos ante la opinión pública de toda España aumentó su debilidad con la lista de los veintitrés agravios, porque cada comunidad autonómica sería posible quejarse de otros tantos, aunque se vean sólidos los indicios de recuperación post-crisis. Desafortunadamente, pasaron aquellos siglos en los que, como César, se podía decir: “Vine, vi y vencí”.
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