Del Maragallismo ya ni se sabe

05 de marzo de 2014 (00:00 CET)

La reaparición de Ernest Maragall como número dos de la lista europea de ERC evoca la fugacidad de quien cree recuperar las luces del plató pero poco antes de que se apaguen. De repente, páginas y páginas del maragallismo se cifran en la imagen de una estampida de dimensiones tan reducidas. Ahora todo lo que quiso ser el maragallismo no es sino una sombra indefinida, que no representa nada y que históricamente se representa como un vacío.

Tantas cosas quiso ser el maragallismo que acabó en una cierta indefinición caótica. Pasqual Maragall se propuso refundar la izquierda catalana amoldándola al ejemplo del partido demócrata americano: ser un partido-coalición y no un partido vertical.

¿Qué queda de todo aquello? El perfil de Ernest Maragall saltando de un tren a otro. No es extraño que Pere Navarro se haya felicitado de esa reconversión porque avala su tesis estratégica de que el PSC debía soltar lastre soberanista.

Ahí está: Ernest Maragall, hombre de cualidades políticas inéditas, se va con ERC. No ve otra vía que la independencia. El hermano Ernest refuta ampliamente lo que quiso ser el hermano Pasqual y se alinea con una ERC que puede considerarse ejemplo de lo que nunca debieran haber sido los tripartitos.

 
Ernest Maragall postula que no hay otra salida inteligente que no sea la independencia
Evidentemente, el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza con que Pasqual Maragall quiso modernizar el catalanismo se diría incompatible con los modos y el proyecto de Oriol Junqueras. De paso, Ernest Maragall postula que no hay otra salida inteligente que no sea la independencia expresada según un referéndum. Insólita auto-adjudicación de toda la inteligencia plural de una sociedad como la catalana.

Zapatero creyó en el maragallismo y así se generó un segundo proceso estatutario que, según la abstención en el voto de ratificación, atrajo un interés ciudadano relativo, una de las evidencias más bien disimuladas de la historia del nacionalismo.
Sin duda, como pretende Ernest Maragall, un político tiene derecho a resucitar las veces que pueda. La cuestión es de la mano de quien lo hace y de las contradicciones que eso representa.

La personalidad de Pasqual Maragall merecía otros escenarios que el tripartito. Tal vez le vino pequeño desde el principio. Se había nutrido de ese mito de la política catalana que es la tranversalidad.

Ahora Ernest Maragall conduce esa transversalidad a ERC. ¿Cuántos votos gana Junqueras con ese salto sin red? Es una política de retales. Estricta endogamia secesionista. Eslabones fraternos del maragallismo fusionándose con ERC. ¿Es esa la nueva izquierda catalana? ¿Equidad social o república catalana presidencialista? Por lo menos es el finiquito de aquella política distinta que quiso ser el maragallismo.
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