Deflación alérgica

Sin título

16 de octubre de 2009 (11:39 CET)

Es una obviedad pero cuando amanece sale el sol y cuando se pone anochece. Lo niegue quien lo niegue eso es así desde siempre. Hace un par de semanas en este blog ya estuvimos hablando de lo que ayer publicó el INE. En concreto que el IPC bajó en septiembre dos décimas respecto al mes anterior, lo que pone los precios en el -1% interanual y encadenando siete meses consecutivos en valores negativos. Desde julio del año pasado el IPC se ha desplomado más de seis puntos. Lo curioso es como desde el gobierno se sigue negando la mayor. Siguen diciendo que la economía española no se encuentra en una situación de deflación, pues alega que para eso debería producirse un descenso generalizado y permanente de los precios.

El Fondo Monetario Internacional considera que hay deflación cuando los precios decrecen durante dos trimestres consecutivos, con lo que técnicamente y según esta definición la economía española entró en deflación el pasado mes de agosto como ya dijimos. Si en su día, cuando la deflación era algo impensable, nadie puso en cuestión que ese fenómeno, producto de la anorexia económica, fueran 6 meses consecutivos de inflación negativa. Ahora llevamos 7 meses y se prevé un octavo con el de octubre. No hay discusión técnica posible sobre si estamos o no en deflación. Otra cosa serán las interpretaciones que hagamos cada uno de este contexto, pero lo que no podemos hacer es cuestionarlo como real o virtual. Podremos discutir sobre si es bueno que llueva o no, pero no que esté lloviendo.

Lo importante no es tanto si la técnica econométrica nos define un estado u otro, lo verdaderamente imprescindible es aceptarlo. Si el principal responsable de dirigir la política económica no es capaz de asumir uno de sus principales condicionantes el riesgo de depresión aumenta. No es cierto que la deflación actual no tenga un componente de consumo. Según los datos publicados por el INE, la inflación subyacente (la que no incluye los precios de los productos energéticos ni de los alimentos no elaborados) bajó tres décimas la tasa de agosto. 

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