¿De qué se esconden y tienen miedo los indecisos?

13 de diciembre de 2015 (23:26 CET)

Los sociólogos están incrédulos con los resultados de las encuestas. La primera dificultad que encuentran es la falta de memoria de voto de los electores de Ciudadanos y Podemos. Nunca habían participado en unas elecciones generales. Y una fuente de información preciosa es el recuerdo de a quién votaron los consultados en las elecciones anteriores.

La segunda paradoja es el elevado número de encuestados que manifiestan que no saben a quién van a votar. Ese número no disminuye en encuestas sucesivas y se mantiene estable por encima del cuarenta por ciento. Un porcentaje desacostumbradamente elevado. 

Una situación que evoca la espiral de Neumann. La politóloga y socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann escribió en 1977 un ensayo que ha creado escuela: Opinión pública; nuestra piel social.

El síndrome de Neumann establece que las corrientes dominantes en la opinión pública tienden a polarizar los votos dejando fuera a quienes tienen opciones minoritarias. Pero también establece el silencio de quienes no forman parte de esas corrientes minoritarias, escondiendo su predilección para no sentirse socialmente aislados.

Es una manifestación del voto diferente que en el momento en que se establecen las encuestas se encuentra en cierto modo desprestigiado o amenazado.

Ha ocurrido en España en varias ocasiones en situaciones de tensión o amenaza. En Euskadi, en los tiempos de la eclosión nacionalista y del terrorismo de ETA, las encuestas ocultaban el voto no nacioalista que se manifestaba en la soledad y discreción de la urna.

Hay sociólogos que están convencidos de que las encuestas de estas elecciones están sometidas a una fuerte espiral de Neumann. La corriente dominante en los medios de comunicación y de la opinión pública refuerzan la moda de los emergentes y el declive de los tradicionales. Y es más fácil, más cómodo, arrimarse a quienes aparecen como ganadores e innovadores que a los que se muestran denostados.

Sería una moda impositiva. No es fácil confesar fidelidad al PP e incluso al PSOE, porque el aire que se respira es de cambio. Sin embargo, muchos que muestran simpatía o cercanía a Podemos o Ciudadanos quizá no tengan claro que les van a dar el voto. Esa decisión podría estar amenazada por el temor de los electores a los cambios y las situaciones desconocidas.

Cuantificar estos efectos es muy complicado. Solamente las encuestas con una muestra muy amplia y con baterías de preguntas encadenadas permiten cocinar la muestra y expurgarla hasta conocer intenciones ocultas.

En ese sentido, el debate de este lunes es también importante. Porque visualiza a los dos partidos menos de moda, menos catapultados por las redes y por los medios.

Esta es una de las elecciones celebradas en España en las que más importante va a ser la recta final de la campaña, debate incluído. Las apuestas son arriesgadas no solo por la presencia de la espiral de Neumann sino porque dos de los partidos favoritos son de reciente creación. Nunca se han testado en unas elecciones generales donde se manifiesta la diferencia entre simpatía y confianza; no es lo mismo empatizar con un partido que comprometerse con él con el voto.

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