De Putin a Margallo

08 de marzo de 2014 (13:42 CET)

No ha llegado aún la primavera pero es evidente que el clima se está calentando. En la Extremadura oriental de Europa ha estallado un triple conflicto democrático, social y nacional propio de estados de raíz autoritaria y plurinacionalidad no reconocida. Sin los infinitos recursos primarios de Rusia que invitan a la persistencia de una cleptocracia oligárquica, que reparte dividendos entre una creciente clase media urbana, Ucrania no ha podido salir del agujero económico.

Esta realidad va acompañada de unas instituciones escasamente democráticas y con un sistema de partidos verde, sin el nivel de sofisticación de la corrupción de los partidos españoles de la actual Restauración. También de la complejidad histórica y cultural del país, donde predomina como en todo el mundo eslavo y germánico, el derecho de sangre sobre el derecho de suelo. Y donde la herencia y la lengua condicionan la nacionalidad a diferencia de algunos modelos anglosajones y latinos ( no el español ) donde es una decisión política y cívica, no un estigma hereditario.

Cuando los tres vectores se suman, las crisis del régimen se convierten también en crisis territoriales de Estado. ¿Debemos recordar la descomposición del imperio español por etapas, del otomano, del austrohúngaro y más recientemente, de la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia? Ucrania, antaño independiente, fue colonizada por los polacos y después por austriacos y rusos. La flexibilidad imperial de Viena permitió la supervivencia de la personalidad propia ucraniana en su territorio, lo que no fue así en el ámbito controlado por Rusia.

Después de la Revolución Rusa de 1917, Ucrania alcanzó una breve independencia en dos estados que se unieron en 1920. En 1922 , sin embargo, el país volvió a ser dividido, esta vez entre Polonia y la Unión Soviética. Stalin, preocupado por el peso de los campesinos potencialmente anticomunistas y el riesgo de rebrote del separatismo ucraniano, programó el hambre de Holodomor (1932-33).

Se considera que fue un auténtico genocidio, después del armenio y antes del judío. 26 países han reconocido esta definición y el 28 de noviembre de 2006, el Parlamento ucraniano aprobó una ley en este sentido. El número de muertos por el hambre en la Ucrania soviética oscila entre los 2,2 millones a los 4-5 millones. Por el uso de la tortura y las ejecuciones para conseguir grano, y por el uso de la fuerza para evitar que los campesinos hambrientos pudieran emigrar a otras zonas, y por el rechazo a importar grano o asegurarse la ayuda internacional humanitaria para aliviar el desastre.

Al otro lado del problema, Ucrania presenta diversidad interna con minorías moldavas, gagauzas (cristianos de lengua turca ), polacas, judías, etc ; ya en Crimea históricamente estaban los tártaros vinculados al Imperio de los mongoles. Un Kanh independiente se implantó desde el siglo XV al siglo XVIII con contactos con Egipto, Armenia, Génova etc. Colonizada por los rusos, en la descomposición del Imperio y la revolución de 1917, se creó la República Popular y Democrática de Crimea. Cuatro años de escenario de guerra entre rusos comunistas y anticomunistas y aliados europeos acabaron imponiendo el dominio soviético en forma de República Socialista de Crimea. Vuelta a la independencia en época de dominio nazi, Stalin castigó al conjunto de la población tártara con la deportación de la población entera hacia Asia central (200.000 personas) de las que la mitad murieron. Otro genocidio no reconocido nunca ni por la URSS ni por Rusia .

Sobre esta complejidad, Europa ha sido incapaz de atraer a las instituciones corruptas pro-rusas hacia su lado. Y ahora que la revuelta popular impulsa al gobierno los corruptos prooccidentales tampoco se comporta. Deja sin amonestación la aplicación de la ley del péndulo del nuevo Gobierno ucraniano, que ha suprimido la oficialidad del ruso y de otras lenguas minoritarias, y ha hecho detonar la respuesta prorrusa en Crimea y en las regiones orientales. Y con Margallo, que hace caso de la enfermiza obsesión antiplebiscitaria española, ilegalizando sobre el papel el referéndum de Crimea, no por motivos de falta de transparencia ni de chantaje militar sino simplemente por motivos de inviolabilidad de la soberanía.

Con lo cual Europa se quedará de garante de una Ucrania tocada, en manos corruptas, con riesgos de desestabilización oriental y admitiendo, de hecho, el uso de la fuerza militar en Crimea antes que reconocer y reclamar un referéndum con garantías entre la población que, guste o no, ahora quiere mayoritariamente no depender de Ucrania. Y regalando así una provincia al Putin más antieuropeo, en vez de tener una nueva república neutralizada en el Mar Negro con capacidad económica elevada por razones de la agricultura y el turismo.

Adenda de la semana

1 . Hablando de Extremadura, lo mejor que puede hacer Catalunya, que ya está en una fase de desconexión, es no entrar en la batalla de cifras. Es lo que quiere el aparato del Estado y el PPSOE. Que se peleen entre ellos : el oriente PPeninsular con déficit fiscal y el centro-oeste Peninsular, con su portavoz Monago al frente .

2 . El editor catalán Lara deberá tratar de no terminar en los juzgados si sus publicaciones como La Razón se dedican a publicar las fotos del DNI de los 33 jueces soberanistas. La demanda se presenta por la vulneración del derecho de privacidad de datos de carácter personal.

3 . Maragall en las listas de ERC levanta ampollas entre los partidos del régimen que se han repartido el pastel durante 30 años. Pero es un símbolo. La izquierda catalana se está recomponiendo bajo un eje de construcción de un Estado propio . El centrismo social-liberal y acomodado que simboliza el maragallismo, y que ha dado las mayorías al PSC o a CiU, está cambiando de aliado estratégico. No es nuevo: en los años 30, Acció Catalana y Unió Socialista fueron aliados estables de ERC .
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