De liderazgos innovadores y de administradores burócratas

12 de abril de 2014 (12:59 CET)

Esta semana he leído sendos artículos de Montse Palet y Xavier Ferràs que después de una larga trayectoria en el sector público de apoyo a las empresas, ahora desarrollan su actividad en el mundo privado de la consultoría y la docencia. Me parece interesante trasladar algunas de sus consideraciones sobre el nuevo emprendimiento.

En las empresas es hora de generar proyectos de largo plazo donde quepa la disrupción, la innovación y el cambio, desarrollando internamente capacidades de adaptación permanente. Hay que establecer una estrategia de internacionalización que visualice toda la cadena de valor: desde la implantación comercial, la productiva, la I D i, la captación de talento, cómo acceder y compartir conocimiento, la búsqueda de materias primas, y el establecimiento de alianzas que aporten valor al negocio.

Hay que plantearse una nueva manera de fabricar que ponga al cliente y sus necesidades en el centro de la estrategia. Una industria que incorpore elementos de servicio al producto como vía básica de diferenciación. Que avance hacia la verdadera personalización. La estrategia y la tecnología deben converger: la fabricación aditiva, la robótica inteligente, el open source, pasar de la estandarización y la modulación a la personalización en las series cortas, a las piezas únicas...

Es necesario generar una propuesta de valor diferenciado frente a los competidores, vertebrado no sólo sobre nuestro producto, sino sobre todo el modelo de negocio. Finalmente, deberíamos tener claro que las personas y su liderazgo son las piezas medulares de la nueva empresa. Esto significan nuevos modelos de participación en el proyecto empresarial, sea en la gestión, en los resultados o en la propiedad. No basta con una visión compartida. Es necesario que el proyecto sea realmente compartido, dice Palet. Y también implica nuevos modelos de liderazgo transformador.

Entretengámonos en este aspecto. El liderazgo clásico suele ser detallista, metódico y disciplinado. No pide el por qué, ni se cuestiona el sentido de lo que hace, y apenas gestiona la complejidad. El nuevo liderazgo imagina nuevos escenarios y es capaz de arrastrar a la organización hacia los mismos, con una orientación a la estrategia y liderar el cambio. No hay mayor creatividad que la ideación de nuevos escenarios estratégicos, nuevos modelos de negocio o nuevos productos disruptivos, con la satisfacción de concretar esta realidad extrayendo a la empresa de su rutina, asumiendo riesgos, explorando nuevos escenarios, y generando nuevas competencias.

Ferràs sitúa las características del liderazgo transformador en:

1. Definir visiones claras e inspiradoras superando los decadentes mecanicismo, inercia inmovilista y complaciente autogestión.
2. Comunicar de forma apasionada, transmitir emociones y hacer vibrar al equipo con nuevas e ilusionantes iniciativas. Es un líder resonante.
3. Establecer retos que apelen a la épica y a la autosuperación, al espíritu de conquista de nuevas metas. Y deje la rutina del trabajo para objetivos burocráticos. Los retos nos hacen mejores como personas.
4. Determinar el qué y el cuándo. Nunca el cómo; dar plena autonomía para tomar responsabilidades, asumir riesgos y planificar.
5. Gestionar por confianza, no por control. El directivo controlador suele interferir en las operaciones diarias, en lugar de centrarse en el horizonte estratégico. El paradigma del control permanente surge del antiguo modelo industrial de organización centralizada y vertical. Pero quien todo lo controla suele olvidarse de liderar. Y los individuos más creativos, brillantes y emprendedores huirán de directivos controladores. El directivo controlador suele ser una auténtica fábrica de estúpidos.
6. Dirigir mediante autoridad, no mediante poder. La autoridad es propia. Viene dada por el compendio de experiencia, conocimiento y empatía, que generan reconocimiento natural por parte de los demás. El poder es conferido, se da (por un poder superior) y se quita. Es, por tanto, transitorio (especialmente en entornos de cambio permanente).

El liderazgo es un acto creativo. No hay liderazgo sin innovación, pues no se puede liderar la rutina. Y no hay innovación sin liderazgo, pues la innovación requiere una fuerza que extraiga a la organización de la zona de confort. Amén. Es una evidencia que en el siglo XXI la creación de riqueza y bienestar sólo se producirá en empresas, instituciones o administraciones que apliquen estos principios.

A estas alturas del artículo les pido que hagan un ejercicio de empatía y apliquen el discurso anterior a la empresa España SA, liderada por abogados del Estado y registradores de la propiedad. Miren cómo se gestiona esta sociedad española y escuchen las propuestas de futuro de sus dirigentes (las tres r): Rajoy, Rubalcaba y Rosa Díez. Comparen con las que proceden mayoritariamente de Catalunya. Sitúen unas y otras en el ámbito de la emprendeduría y el liderazgo del pasado o en los modelos innovadores, creativos y disruptivos de futuro. El resultado es preocupante para España.

Reflexión final. Tras el debate de esta semana en el Congreso los invito a leer la declaración de independencia de las provincias españolas de Venezuela. Verán como la parte unida por lazos de sangre y lengua cuando se siente manifiestamente perjudicada por el desgobierno del todo y por su especial ensañamiento con la parte, opta por seccionarse. Cuando un organismo considerado como un todo, practica la autofagia sobre una de sus partes, sólo queda el camino de la mutilación. Lean, lean. Hace 200 años…
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