De la Rosa: el fin de la omertà

15 de diciembre de 2012 (16:28 CET)

Javier de la Rosa contra Jordi Pujol. En la ciudad batiente de los delitos y las faltas, alguien dirá un día que todo fue a causa de los demonios familiares de los años del pan negro que siguieron a la etapa de gran esplendor. Todo fluye; todo vuelve. Él ha vuelto. Es el inculpado eterno de KIO, aquel Kuwait Investment Office de nuestros mejores años, sujeto de un gigantesco concurso de acreedores, que superó con creces la quiebra histórica de la Barcelona Traction, de Juan March. Javier ha vuelto y, según el relato periodístico que levanta empalizadas de incomprensión entre Madrid y Barcelona, acusa de evasión fiscal a uno de los padres de la patria: al ex presidente Jordi Pujol. No se había producido un bombazo de tal calibre simbólico desde que Joan Perucho, escritor y magistrado, descubrió para la memoria que el cadáver embalsamado de Bonaventura Aribau había permanecido en un anaquel de la antigua Biblioteca Nacional, antes de ser trasladado al Cementerio de Poble Nou.

Los empavonados bucles de sus cuellos camiseros son historia. Ahora, algo decaído, enjuto y enfundado en un terno azul oscuro de raya natural, Javier de la Rosa ha manifestado ante la Policía que el ex presidente Pujol habría rubricado con su firma la apertura de cuentas cifradas en Lombard Odier, uno de los bancos de Ginebra que resumen el éxtasis de la opacidad. La credibilidad del financiero no parece mellada por su truculento pasado. Hace cuatro días era un reo, pero ahora todos le creen, incluso cuando dice que ha almorzado con Pujol en un salón privado de Luna, el magistral restaurador de Via Veneto. Según su declaración, Pujol habría abierto sus depósitos suizos en el despacho oval, en la estancia presidencial del Palau, con la puerta de roble siempre abierta sobre el zaguán de la escalera gótica y a escasos metros del Pati dels Tarongers. “Lo hizo delante de mí”, manifestó Javier ante la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales (UDEF). En su primer relato consta que Pujol le citó en la Plaza de Sant Jaume, y allí el financiero le indicó cómo podía abrir una cuenta en Lombard.

De repente, una tromba de hielo fundido se mece sobre las cabezas nacionalistas más acendradas. Ha vuelto la guerra fría de los negocios y de las tangentes. Se ha levantado la veda. Es el fin de la omertà, el código de honor que impone el silencio cómplice de los que pecaron juntos. Dispuesto a tirar de la manta, Javier de la Rosa cabalga de nuevo. Sus tardes en la barra de Casa Pepe de la plaza Bonanova, junto a sus amigos de la colla del penalista Francesc Jufresa, han dejado de ser monótonas. Sus desayunos en José Luis (Diagonal-Tuset) han abandonado el reducto de la nostalgia. Así ocurre cuando reaparece la notoriedad. ¿Volverá Javier a la barra del Gotarda y a los interiores del Dry Martini? ¿Tomará de nuevo su aperitivo en Sándor y se detendrá para escrutar el escaparate de L’Indret (Ganduxer), después de la misa de domingo en San Gregorio Taumaturgo? No lo parece.

La temeridad fue un día su estandarte. Pero su denuncia contiene esta vez el velo del temor. Recibe amenazas por conocer datos sobre las cuentas en el extranjero de dirigentes de CiU. “Amenazas y coacciones contra su persona”, según consta en la denuncia presentada el pasado 29 de noviembre ante la UDEF, que recayó en el Juzgado de Instrucción número 43 de Plaza Castilla. Unos días después, el pasado 5 de diciembre, presentó una ampliación de la misma denuncia en la que afirmaba que esas amenazas se habían incrementado a raíz de que El Mundo publicara un borrador policial el pasado 16 de noviembre que acusaba a Artur Mas y Jordi Pujol de cobrar comisiones de empresarios a través de sus cuentas personales en Suiza. Ahora, el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz estudia si es competente para investigar una denuncia presentada por De la Rosa. De momento, el mismo magistrado, en calidad de titular del Juzgado Central de Instrucción numero 5, ha desestimado una querella contra políticos nacionalistas presentada por el abogado Joaquín Yvancos y una denuncia paralela del sindicato ultraderechista Manos Limpias. ¡Bien por Ruz! La urdimbre pedrojotista cae sobre sus víctimas sin compasión. En la España de Wert y Gallardón, la desmemoria reina sobre el fiel de la balanza de la Justicia. Tras su sorpresiva doble aparición policial, el financiero se retractó de la primera de sus declaraciones (la del 29 de noviembre, en la que inculpaba a Pujol), según la versión de diario ABC. Las supuestas amenazas fueron a parar al 43 de Madrid; y cuando la magistratura le convocó para que ratificase su retracto en sede judicial, el abogado de Javier dejó constancia por escrito de su rectificación. En cualquier caso, el financiero ya es prisionero de sus palabras, y Ruz no dictará un nuevo auto sin conocer el criterio de la Fiscalía. Si ve que hay conexión con el procedimiento contra Fèlix Millet en el caso Palau, se inhibirá en su favor. Solo si lo ve, seguirá la madeja.

En sus momentos de gloria, Javier de la Rosa revolcó la Garriga i Nogués y despertó de un letargo a la Bolsa española. Al ritmo de su OPA sucumbieron CROS, Agrícolas, Torras y muchas más. Pero cuando el fiscal Mena lo desmontó del caballo, había vaciado Grand Tibidabo y sumido en un pasivo irrecuperable los fondos de KIO en España. Pagó con la cárcel, a pesar de que poco tiempo antes CiU le había presentado en sociedad como el empresario modelo capaz de salvar Port Aventura. Después, la soledad de la celda y las noches de insomnio. El tercer grado y la sentencia absolutoria en uno de sus múltiples frentes judiciales: el caso Huguet-Aguiar, los antiguos responsables de Hacienda en Catalunya, trincados con jugosas cuentas en paraísos fiscales, cuya explosión arruinó la carrera política de José Borrell.

Y tras un largo periodo de silencio, esta acusación que huele a vendetta. Es el vaivén de Javier. JR no consigue encajar su tino con su destino. Le puede la escena.
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