David Ricardo en Barcelona o la especialización de las ciudades

24 de noviembre de 2013 (18:48 CET)

Parece que una nueva oleada de hoteles, emblemáticos, está llegando a Barcelona. Otro tema sería si van a fructificar. Si se van a plasmar en nueva oferta diferenciada (por emblemática) del parque actual de hoteles.

Habrá que ver los aspectos regulatorios, urbanísticos especialmente, la lucha por la captura de rentas entre los actores en presencia, propietarios de suelo, aportadores de fondos para la transformación de estructuras, promotores, financieros, operadores turísticos... Pero estos aspectos son sustancialmente negociación. Si de verdad existen rentas, podrá demorarse más o menos, pero al final se realizará.

Los dos ejemplos a los que me estoy refiriendo son la conversión de la Torre Agbar del arquitecto Jean Nouvel en un hotel de cinco estrellas gran lujo para la cadena Hyatt, y el edificio en Diagonal con paseo de Gracia, donde se ubica el Deutsche Bank y la primera firma de abogados de Barcelona Cuatrecasas. Las dos iniciativas se hallan en estadios de desarrollo muy distinto e incipiente.

Estos dos ejemplos, y otros en ciernes, pueden hacernos pensar que las teorías económicas clásicas de Adam Smith y David Ricardo siguen todavía vigentes. En 1773, Smith escribía: "La división del trabajo es la causa principal del aumento de la opulencia pública, que está siempre en proporción a la actividad de la gente, y no en la cantidad de oro y plata, como absurdamente se imagina" (citado por W. Barber). Y Ricardo con la teoría de la ventaja comparativa (vino por textil), que figura en todos los libros de texto, adaptada a las naciones y grandes ciudades.

Parece que Barcelona puede ser un ejemplo de "división del trabajo". Aquí se invierte en unas cosas, turismo, y no en otras. O para ser más recios existe una propensión mayor hacia la industria del ocio-turismo-modo de vida, que respecto a otras actividades, teniendo claro que este nuevo macro-sector se extiende a actividades complementarias muy amplias, como pueden ser las infraestructuras necesarias (puerto, aeropuerto), culturales, manifestaciones deportivas, congresos (MWC), cruceros, gastronomía, deporte náuticos y de nieve... todo ello ligado a condiciones ambientales adecuadas como la seguridad y una correcta relación satisfacción-coste.

Una planta hotelera diversificada en cuanto a calidad, ubicación… necesita indefectiblemente de todas las actividades-servicios que le dan razón de ser. Y, sobre todo, un hinterland que acompañe, que participe de la cultura del ocio. Es bastante claro que Barcelona disfruta de una ventaja comparativa y existe una tendencia a especializarse en las actividades donde se es más eficiente, con una demanda específica no suficientemente atendida.

Frente a este fenómeno, no dejan de alzarse voces que consideran que a Barcelona no le interesa objetivamente convertirse en una "ciudad de camareros". La voz más reciente es el libro de Miquel Puig, que elogié en esta publicación. La idea es que la industria (¿cuál?) es la actividad económica más conveniente para un país diversificado como Catalunya. Que el valor añadido es mayor y la cualificación requerida también, acorde con el nivel de rentas generado.

¿Cuál es la disyuntiva? Dejar que el mercado asigne los recursos, a pesar de que pueda equivocarse, o que no conduzca a un óptimo social (salarios bajos) o, por el contrario, incentivar aquellas actividades de mayor complejidad, asociadas a la economía del conocimiento y de los servicios profesionales (medicina, educación empresarial…). ¿Volvemos a los economistas clásicos?
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