¿Cuántas almas le quedan al PSC?

10 de noviembre de 2013 (23:58 CET)

Muchos años, los dirigentes del PSC enarbolaban la bandera de sus ‘dos almas’ como un activo político inigualable en Catalunya: el partido era una suma de sensibilidades diferentes, un crisol de orígenes y una muestra de transversalidad identitaria sin parangón. Era curioso porque eran los dirigentes más que las bases quienes esgrimían ese argumento. Luego llegaba la contradicción: en las urnas sus apoyos (especialmente en la provincia de Barcelona y su área metropolitana) eran de forma mayoritaria no nacionalistas. Aquellos dirigentes y candidatos históricos (Raventós, Obiols, Maragall, Nadal, Dalmau…) hicieron marca de aquella curiosa distinción de las almas…

Fue un éxito como estrategia de márketing político. Mientras duró, claro. Al PSC le ha faltado protección divina en los últimos tiempos. Les ha abandonado el arcángel San Miguel, protector de las almas, y las dos están amenazadas (derrotadas podríamos escribir) por igual. El discurso de la dualidad identitaria funcionó bien mientras el resto de partidos catalanes, la derecha tradicionalista sobre todo, jugaba a la ambigüedad. Llegado el momento de precisar, de concretar a qué apostaba, de abandonar la tibieza en la definición del estado, al PSC le han temblado las piernas y sangra con abundancia por sus indefiniciones.
 
Llegado el momento de definirse, el PSC sangra por sus indefiniciones

Las encuestas no deben sacralizarse, pero no engañan al mostrar las tendencias. En plena polarización política, los electores quieren saber qué prima: la cuestión nacional o la visión progresista y moderna de la sociedad. A quienes sostienen que son compatibles, la demoscopia les aparta de la razón. Sólo así es posible entender el paso, trascendental e histórico, casi tanto como discreto, de este fin de semana en la conferencia política del PSOE. Lo que queda del socialismo catalán parece decidido a abandonar esa alma llamada catalanista, pero nacionalista al fin, que cultivó décadas.

No tenían muchas opciones: definirse o suicidarse en la política catalana. O eso, o invocar a San Miguel. Y ahora, en plena crisis económica, los santos están pluriempleados.
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