Cuando la moral está por encima de la ley

15 de abril de 2013 (21:48 CET)

La mayoría de los regímenes totalitarios del siglo XX se basaron en la moral. Bueno, realmente en la creencia de una superioridad moral. Ejemplos a patadas: Francisco Franco creyó en la obligación de salvar a un país del comunismo. Adolf Hitler, en la de superar la humillación de la primera guerra mundial. Fidel Castro, en la supremacía moral del comunismo. Así podríamos completar una larga lista de dictaduras.

Todos situaban la moral por encima de la ley. Empezaban unos cuantos y, poco a poco, convertían a los suficientes para doblegar un régimen. Algunos, curiosamente, llegaban al poder usando el sistema. El ejemplo más sorprendente es el propio Hitler, que ganó unas elecciones. Otros literalmente lo asaltaban. El más claro ejemplo es España, donde a pesar de tantos “héroes”, el dictador murió en la cama, con miles jaleándole hasta el último día. Curiosamente los mismos miles que luego eran demócratas convencidos. Ya saben: mover y engañar a borregos y analfabetos siempre ha sido fácil en este país.

La historia demuestra que poner la moral por encima de la ley siempre ha sido muy peligroso. Pero, curiosamente, aquí y ahora surge con fuerza el valor de la moral como arma arrojadiza. José Antonio Griñán expropia pisos en Andalucía–cuando han formado parte de los consejos de las cajas—; el President Mas ve un ataque a Catalunya las imputaciones de los Pujol –quizá debería preguntarse por qué su propia familia tenía dinero en Suiza—; los escraches persiguen presas como lobos pardos –en vez de personarse en muchos juicios—... Todos hablan de moral. La profesan como una nueva religión. Franco, Hitler, Stalin o Castro tenían también su moral.

Si algo no funciona cambiemos la ley. Hablemos con las personas. No como ahora, que sólo hablamos de las personas. Una diferencia de matiz pequeña pero enorme. Nadie puede ni debe poner una moral a trabajar por encima de la ley. ¿Quien son las PAH para decidir si una persona debe ser o no desahuciada? Seamos coherentes. ¿No es esa la labor de los jueces? Repórtenles y valoramos caso a caso.

¿Quién es Mas para hablar de conspiraciones externas? Quizá tiene su casa más agujeros que un queso gruyere. ¿Por qué un gobierno autonómico expropia casas? Se ha pasado años en consejos de administraciones de cajas de ahorros sin decir nada. Ahora les da a todos por refrescar la moral, cuando saben que en un momento difícil, el analfabeto siempre busca el razonamiento fácil.

En tiempos fue el encaje de la religión con el vulgo, y aunque no olvidemos que la religión ha servido muchos años como manantial de alfabetización –y eso no se lo puede quitar nadie— también ha servido, o mal servido, al hombre contra el hombre. La historia esta llena de manipulaciones, de dogmas de fe más complejos de lo que parece. No nos engañemos: tirar de moral sirve en sociedades atrasadas para movilizar al iletrado. Lamentablemente, en España aún tenemos millones, y ellos lo saben.

No duden que gracias a nuestra gran asignatura pendiente, la educación, estamos en un país altamente manipulable. Si instauramos un régimen donde prime la moral, volveremos a una inseguridad jurídica tal que, a lo Stalin o a lo Franco, acabaremos dependiendo de la decisión de una sola persona. Tipos de gente más conocida por sus palabras, buscando aplausos o sus rolletes en debates nocturnos, que por sus actos.

Por suerte, al final quien juzgará será la ley. Por eso, trabajemos para mejorar las leyes, con ahínco, con fuerza, con ilusión, con escritos, con columnas, con críticas, con cualquier cosa que obvie la moral individual. Sólo así consolidaremos estos casi 40 años de democracia. Nunca debemos olvidar que son los años más tranquilos en toda la historia de España.
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