Crisis de autoridad en Catalunya

04 de junio de 2014 (00:00 CET)

La crisis de autoridad ha dejado en Barcelona un rastro de desperfectos y agresividad. Nada bueno para el turismo ni para la marca Barcelona. Con su irresolución en el caso de Can Vies, el alcalde Trias ha desconcertado al ciudadano partidario del orden y la ley que se siente perplejo ante las cesiones de autoridad. Pero también ha lanzado a la calle a los grupos antisistema en protesta por la demolición de su centro okupa. ¿Ha negociado o simplemente ha cedido?

Nadie está satisfecho y las hipótesis de Xavier Trias pilotando el giro de Convergència como figura senior posiblemente van a quedar archivadas.

El hecho de que una de las consecuencias de toda esta cadena de errores políticos sea que un grupo de manifestantes vaya a parar a la Rambla al grito de Vosaltres, els turistes, sou els terroristes! (¡Vosotros, turistas, sois los terroristas!) provoca consternación pública. Nada que ver con la ciudad guay.

 
El ciudadano gusta de sentirse gobernado y respetado de forma inteligente, y así es como se debe ejercer la autoridad
En el contexto de tal crisis de autoridad, la dimisión del director de los Mossos d’Esquadra tampoco contribuye a solventar la crisis de autoridad. Si fuese una dimisión impuesta por ERC, la debilidad del gobierno de Artur Mas llegaría a un punto límite.

También se ha llegado a afirmar de modo impune que en los disturbios de Sants actuaban como provocadores miembros de los cuerpos de Seguridad del Estado.

En un breve ensayo de 1924, Josep Pla trataba de la crisis de autoridad en Catalunya. Las circunstancias eran distintas y mucho más graves, pero el razonamiento de Pla sigue siendo útil: el ciudadano gusta de sentirse gobernado y respetado de forma inteligente, y así es como se debe ejercer la autoridad. Pla también era crítico con el autoritarismo.

En el maremágnum del proyecto secesionista, desde la Generalitat se han dicho no pocas cosas que de forma directa o indirecta contribuyen a la crisis de autoridad y la crispación social. Se ha dicho que los Mossos d’Esquadra --saltándose su constitución jurídica-- obedecerían a la Generalitat y a nadie más en caso de confrontación con el Estado. Y se ha hecho costumbre anunciar que sentencias como las del Tribunal Constitucional en materia lingüística se van a incumplir.

Por ahora nadie ha negado que la Generalitat haya encargados urnas de cartón para una consulta que, vinculante o no, se haría al margen de la ley, como si no existiera un organismo competente como la Junta Electoral, garante de la transparencia de todo comicio.

No es correcto mezclarlo todo, y el conflicto de Can Vies no es lo mismo que la hipótesis de una consulta ilegal. Son factores heterogéneos pero confluyen en la generación de un clima de incertidumbres.

Pla decía que la política de Prat de la Riba representaba un intento de resolver aquel problema de autoridad. Tantas décadas después, puede sospecharse que tanto desde ambos lados de la plaça de Sant Jaume el intento es muy distinto porque que está generando una nueva crisis de autoridad social.
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