Creamos 225.000 empleos

20 de diciembre de 2012 (17:47 CET)

En plena crisis, España ha creado 225.000 empleos. Sí, las cifras son ciertas. Este año hay más ocupados de los que había antes del inicio de la crisis en 2007. Y el colectivo que se ha beneficiado de los nuevos trabajos es, precisamente, el de aquellos que tienen una calificación más alta. Las personas con un título universitario.

¿Dónde se esconden estos trabajadores cualificados? ¿Cómo puede ser que nadie les vea? Pues porque se diluyen entre los más de cinco millones de parados y representan menos del 10% de los 2.300.000 desocupados que la crisis ha generado. Son demasiado pequeños.

Este dato surge del estudio del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y la Fundación BBVA titulado Crecimiento y competitividad: Motores y Frenos de la economía española. El documento explica cómo la crisis ha modificado el mercado de trabajo y corrige algunos de los graves desequilibrios endémicos de la economía española. De hecho, el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestra cómo se han creado más puestos de trabajo entre 2007 y 2012. Depende del trimestre que se mire, los datos son superiores (primer trimestre 2007-12) o inferiores (segundo trimestre 2007-12).

Por ejemplo, por primera vez en la historia de España, en 2012 las exportaciones han superado las importaciones. La productividad crece y no sólo la del trabajo, que sería obvia, también la de todos los factores, maquinaria incluida. Un hecho que no había ocurrido desde hacía décadas.

Otro dato interesante es que el peso mundial de la producción científica española (4,3%) duplica el que tienen las exportaciones estatales (2,1%). Es decir, en exportaciones el trabajo se hace bien pero en investigación aún mejor. Y, ya para terminar, se debe poner el acento que si en el 2000 el porcentaje de universitarios en el mercado de trabajo era de menos del 25%, en 2012 había incrementado hasta el 32%.

Esto significa que nos dirigimos hacia una sociedad en la que las empresas apuestan por el talento, se retiene y se crean puestos de trabajo cualificados. Los países de nuestro entorno, como Francia o Alemania, tienen tasas de empleo de alta cualificación del orden del 42% y del 43%. Todavía nos que camino para recorrer para igualarlos.

¿Cómo se puede dar este contexto si hay dos millones más de parados que en 2007? Pues porque la crisis se ha cebado con los individuos de baja o nula calificación. Los ni-nis.

Se debe ayudar a estos ni-nis, pero no premiarles por su condición como hace la Junta de Extremadura, que quiere hacer donaciones de mil euros si se apuntan a un curso de formación. Lo que no tiene ningún sentido es dirigirnos hacia una sociedad del conocimiento en la que los trabajos cualificados contribuyen cada vez más al crecimiento de la productividad y, al mismo tiempo, penalizar estos individuos preparados y sacrificados, con matrículas universitarias cada vez más altas. Sobre todo cuando quienes no tienen ninguna calificación ni se esfuerzan para obtenerla, reciben dinero para conseguir un miserable título de Educación Secundaria Obligatoria (ESO).

La situación de crisis es tremenda. Pero el estudio del IVIE y la Fundación BBVA demuestra que, dentro de la desgracia que toca vivir, hay aspectos que pueden resultar positivos y sedimentar las bases de una estructura productiva mejor y más cercana a las economías desarrolladas que nos rodean. Cada vez más lejos del país de baja cualificación y mano de obra barata que un día fue el Estado español.
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