Corrupción en la villa

17 de noviembre de 2012 (00:14 CET)

Estimado diario: Echamos de menos los vídeos de David Madí. Le sustituye Toni Soler

Amanece en Madrid. La oligarquía de la capital ha descubierto el carpaccio de toro. El bicho laminado de moda en el kilómetro cero no es negro bragado. Se trata del crustáceo que los restaurantes asiáticos sirven regado con champagne francés. Aunque todo el mundo refinado sabe que sólo las ostras crudas son el complemento apropiado de los espumosos agabachados, no reviste gravedad que te pillen así haciendo el cateto. El asunto se distancia del boicot al cava catalán, la mayoría moderada ni se plantea las reprimendas por los aires secesionistas que suspiran en Barcelona. Los Freixenet, de momento, pueden respirar tranquilos. Algún banco catalán, no.

Hay dos asuntillos que sí traen de cabeza a la villa. El primero es discernir si el ayuntamiento está teñido de rosa. El segundo tiene que ver con los trapos sucios de Convergència. No, los propios, no. Los otros, los estelados. Esos, sí. Pero al fin se habla seriamente de las elecciones catalanas en Madrid, ciudad que ya tiene una alcaldesa bolchevique. Las corruptelas que salpican al Palacio de Cibeles importan poco y todos aquí se preguntan por las fotografías que probarían la intensidad de la relación entre el vicealcalde y el dueño de la noche gay madrileña. Urge saber la verdad, dicen. La verdad de alcoba. La de untar, no. Pocos se cuestionan por qué el ayuntamiento no se interesó por la seguridad del recinto donde murieron cuatro menores.

Sin embargo, súbitamente la prensa madrileña ha desenmascarado la corrupción nordeste. La acaban de descubrir. ABC ha dedicado toda la semana a las operaciones sospechosas de Pujol, pujolín, pujolet y pujolandia. Pero no ha sido hasta este viernes cuando el asunto ha logrado reemplazar a los debates serios de la ciudad. Los mismos que hurgan entre abrigos dicen que Pedro J. Ramirez, el director de El Mundo, ha entrado en modo de hiperactividad y se ha puesto a buscar escandalazos, escándalos o escandalitos que sequen el oasis. Pero, estimado diario, él, acostumbrado a influir, debería saber que en Catalunya no votamos sobre la corrupción, mal me pese. La proximidad con la Comunitat Valenciana debería darle alguna pista.

El resultado poco tendrá que ver con un programa electoral al uso. Lo único que decidimos el próximo 25 de noviembre es independencia, sí; o independencia, no. Además, para tranquilidad del periodista, una legislatura constituyente solucionaría sus preocupaciones en una mañana, ¿no crees? ¡Qué digo en una mañana! En 10 minutos. O menos. Artur Mas sólo tiene que firmar el decreto de amnistía para celebrar un nuevo estado en el que las corruptelas se transformen en méritos. Como Banca Catalana, ¿recuerdas?

Así que cuando los catalanes ya aplicábamos el factor de corrección, cuando ni La Vanguardia –rebautizada como La Masguardia— era capaz de dictar una mayoría absoluta favorable a CiU, cuando Artur notaba cierto rechazo y admitía inalcanzable el resultado deseado, cuando las voces contrarias en Unió se hacían más fuertes, cuando Rajoy estaba dispuesto a aflojar… va Pedro J. y da al nacionalismo catalán lo que quería: Madrid ens ataca, catalans a mi. Pues para que el ejercicio periodístico acabara en político y luego en gatillazo, ya podría haber ido con Ana Botella a contar manzanas…

Pero la oligarquía madrileña y sus satélites tienen razón, aunque dudo de la sinceridad del momento por el escaso ímpetu prestado al caso Madrid Arena y por las atenciones dedicadas a Catalunya. Es intolerable que un sistema enquistado de malas prácticas, como el catalán, que vulnera constantemente los derechos personales para apropiárselos como armamento para defender la existencia de un ecosistema que nunca ha sido transparente, logre la impunidad armándose un estadillo para legitimar sus intereses. ¿Qué garantías tenemos de que alcanzada la estación de la secesión, se investigue la corrupción estelada? ¿Es más, qué garantía tenemos de nada? Ninguna. Pero no podemos acostumbrarnos porque, al final, acabaremos todos siendo corruptos.

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