Coraje y astucia, MHP

26 de septiembre de 2014 (19:00 CET)

Odiseo, rey de Ítaca e hijo de Leartes y Anticlea, fue uno de los héroes de la Guerra de Troya y suya fue la idea del conocido caballo escondite. Sus aventuras durante el viaje de regreso y su arribo al país natal forman La Odisea, la segunda de las dos obras inmortales de Homero.

Quien haya leído este libro sabrá que el periplo de Odiseo está dominado por la astucia, incluyendo el final, cuando llega a su casa disfrazado de mendigo, donde con un gran dominio de sí mismo contiene su ira ante la arrogancia de los pretendientes de Penélope, su mujer, quienes lo trataban con el mayor desprecio. Dicen los entendidos que la astucia de Odiseo es, en buena medida, el origen de una forma de Ilustración. Pero se trata de una Ilustración que tiene un carácter ambivalente. Se trata de una Ilustración en que se sabe el resultado de un proceso histórico y contingente, producto de una razón que se sabe frágil y mítica. Odiseo será, pues, nos dice Rocío Orsi, el paradigma de la razón postmoderna: una razón frágil que ya no pretende desencantar al mundo con certezas absolutas. Es ella misma una razón desencantada pero verídica.

Tomo prestada esta idea sobre la astucia de Odiseo porque me vino a la cabeza ante la reflexión en voz alta del presidente Artur Mas sobre con qué actitud deberíamos afrontan lo que se nos viene encima después de que este sábado firme, solemnemente, el decreto de convocatoria de la consulta soberanista. Él habló de astucia y coraje. En cuanto al coraje, no cabe duda que el presidente catalán ha demostrado que tiene arrestos suficientes como para no doblegarse. Los insultos y las amenazas son más bien un acicate que un impedimento. Cuanto más avanza el proceso, más sereno se le ve. Y más respeto le demuestran aquellos que piden ser consultados. En este sentido la razón del presidente no es en absoluto frágil. Es dura como una piedra.

El problema que desde mañana tendrá que resolver el gobierno español será mayúsculo. Lo que va hacer está cantado, porque lo lleva anunciando desde tiempo atrás. Impugnará ley y el decreto ante el TC. Lo que pase a partir de ese momento ya se verá. Demos al TC un margen de confianza y no demos por supuesto, como hacen el PP y los demás unionistas, que el TC es un títere teledirigido por el gobierno y sus adláteres. De este modo, pues, si el presidente Mas firma el decreto de convocatoria de la consulta soberanista, de lo que ya no cabe duda, se comprobará hasta qué punto era falsa e interesada la polémica promovida por aquellos que auguraban que al final daría marcha atrás. Este hombre no se arruga fácilmente. Su astucia es ilustrada aunque la exprese con metáforas bíblicas o marineras.

Al mismo tiempo que Artur Mas hablaba de David y Goliat y de que la astucia a menudo se impone a la fuerza, el presidente también advertía que lo más importante en una consulta no es votar, sino que el resultado de aquella votación no sea discutido por nadie. Y para que eso ocurra, el 9 de noviembre los partidarios del “no” deben tener garantizada su participación. Mucho más importante que votar (y ganar) es no menospreciar la voz del otro. El mundo no reconoce las consultas o los referendos parciales, que es lo que ha ocurrido en Ucrania. Los soberanistas deben ser los primeros interesados en poder llegar a Ítaca sin hacerse trampas al solitario.

Por el momento el presidente Mas está cumpliendo lo que prometió: intentar consultar al pueblo de Cataluña sobre su futuro y hacerlo bien. En eso consiste la astucia. Aunque la razón sea frágil porque los oponentes la menosprecien, es tan fuerte y robusta como lo fue un su día la razón ilustrada tradicional. Va cargada de libertad, de fraternidad y de solidaridad, interna y para con los otros, los que no son catalanes.
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