Convergència en un limbo pre-europeo

19 de junio de 2014 (00:00 CET)

Un rasgo fijo de la Convergència de Artur Mas es no haber hecho caso de las lecciones que el catalanismo recibió de sus experiencias históricas, de sus aciertos y de sus fracasos. Se han escrito manuales sobre el peligro del todo o nada --el tororresisme--, pero la Convergència actual está atrapada precisamente en ese falso dilema, porque o todo o nada no es un dilema sino una vía muerta por incapacidad para aprender del pasado.

Ahí está ese actual vagar de Convergència de un grupo parlamentario europeo a otro. Ni en el Parlamento Europeo se ha convertido en realidad la profecía del inimitable Francesc Pujols según la cual algún día los catalanes lo tendrían todo pagado. En fin, al eurodiputado Ramon Tremosa dos partidos que le son tan poco próximos como Ciudatans y UPyD le han reducido el margen en el grupo ALDE, ya de por sí un grupo ensaladera.

¿Por qué? Porque son más y así el grupo liberal suma los escaños que necesita sumar. Al ciudadano Tremosa le queda, sí, el escaño y pudiera acabar ofreciéndole al grupo euroescéptico que lideran los tories británicos, a las puertas de un referéndum sobre Europa que quizás se los lleve fuera de la eurocámara.

Con crudeza, Josep Tarradellas dijo que muchas veces los catalanes sacamos la lengua y hacemos un palmo de narices a los demás españoles, pero cuando éstos levantan la mano echamos a correr. Esa es una generalización injusta. Ocurre en ocasiones y en otras no. De hecho se puede aplicar a tantas otras sociedades.

 
Ya se verá en que queda el todo o nada que Artur Mas le planteó a Mariano Rajoy
Pero lo cierto es que cuando conoces las circunstancias que te limitan --territoriales, demográficas, en fin, históricas-- es decisivo escoger buenos aliados. Y la vieja experiencia es que no hay aliados perfectos porque todos dan prioridad a sus intereses. En el fondo, se trata siempre de escoger el aliado menos malo.

Antes de la orfandad en el Parlamento Europeo, Artur Mas había propuesto formar parte de la francofonía. Es una prueba de irrealismo añorar una Francia uniformista que, como han dicho todos los historiadores nacionalistas, hubiese sido devastadora para lo que ha querido representar la Catalunya nacionalista.

Un efecto colateral del todo o nada es ir dando lecciones a los demás. En los últimos meses, desde el Palau de la Generalitat se han dado lecciones a medio mundo y especialmente a España. Ya se verá en que queda el todo o nada que Artur Mas le planteó a Mariano Rajoy. El conseller Homs ha dado lecciones de democracia, de europeísmo, de ciudadanía y de institucionalismo.

En casos así, incluso a un eurodiputado que, como Ramon Tremosa, quiere dar lecciones de todo le quedan pocas más vías que intervenciones en el vacío y confidencias de pasillo para que algún informador simpatizante les dé eco en Catalunya. Pero su peso efectivo es casi nulo. Es otro desperfecto generado por el todo o nada, por no atender las lecciones del posibilismo y de las alianzas pragmáticas.
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