Consternación

13 de julio de 2012 (18:09 CET)

Escuchaba en la radio el amigo Paco Longo, uno de los mejores expertos en cómo reformar para hacer eficientes las administraciones públicas, haciendo la siguiente reflexión sobre las medidas del Rajoyazo: "No hay una verdadera reforma de fondo de la Administración". El Gobierno simplemente ha recortado y ha provocado una regresión hacia modelos decimonónicos y bonapartistas de Administración: más interventores, más controles, más poder en Madrid, liquida de facto el autogobierno, y, la guinda del pastel, pasa algunas competencias municipales a las diputaciones. En este caso, decía Longo, las cifras dicen que si se suman los funcionarios de las diputaciones y de los consejos comarcales se puede llegar a 9.000 personas que, repartidas por los 900 municipios de España, salen a 10 por localidad.

Sobre el papel, la aritmética lo aguanta todo. Pero, ¿qué preparación tienen realmente estos funcionarios? Muchas veces hacen trabajos de intermediación y no de front office. Tampoco están en la trinchera municipal para absorber, supuestamente, lo que dejen de hacer todos los municipios --más de 800--. En el caso catalán, con el nuevo tijeretazo de Rajoy, ¿pasarían a quedar borrados administrativamente del mapa a favor de las diputaciones? ¿Porqué no se atreven a financiar las mancomunidades y que sean los ayuntamientos electos quienes tengan que apostar, sí o sí, para mancomunarse? ¿Porqué el PP usa la excusa europea para aplicar el programa ideológico jacobino de la FAES?

Perdonen si hiero alguna sensibilidad de orden de los lectores de Economía Digital. Esto es un golpe de estado institucional --dictablanda-- que, además, no ayudará en España a salir de la crisis. La acabará de hundir. Europa tendrá una sorpresa desagradable porque, al final de toda la parafernalia de medidas (muy poco reformistas, en verdad), España lastrará el euro con ella.

En cualquier caso, ahora más que nunca, cuando las cosas van mal, se demuestra que la realidad plurinacional existe. Es probable que la opinión pública y publicada de la Grande Castilla desde Santander/ Cantabria a Algeciras/ Castilla la Novísima se sienta identificada con este exabrupto de poderío hispánico, que cree que dando un puñetazo sobre la mesa, un pronunciamiento en el que el Estado retome todo el control (como si volviéramos a la época de Franco o Felipe V) se soluciona el problema. En aquellas comarcas, siempre se ha preferido el orden a la libertad; el control burocrático a la creatividad de la sociedad. Por lo tanto, quizás es la medida que se merecen los ciudadanos culturalmente españoles. Pero para la España culturalmente fenicia, tal como tildan los intelectuales de la oligarquía de Bernabéu a la mediterránea y la del eje del Ebro, la dirección de Rajoy va en sentido contrario a las capacidades y aspiraciones de los territorios confiscados que desde hace más de 300 años tiran del carro.

No entiendo, pues, la beatitud de muchas de las patronales. Sólo con la Reforma Laboral y al sentir recortes han saciado todas sus aspiraciones. ¡Qué bajo nivel! Me gustaría ver a dirigentes patronales pidiendo el tijeretazo del 40% del presupuesto de Defensa como hizo Alemania; la supresión de las diputaciones y el traspaso de las competencias y trabajadores --con los consecuentes expedientes de regulación-- a las comunidades autónomas; la paralización inmediata de los AVEs y los aeropuertos deficitarios; la privatización de El Prat, etc. Me gustaría ver a patrones y sindicalistas inteligentes negociar modelos de coparticipación en la gestión de las empresas, aprovechando la reforma para competir de verdad con el capitalismo dictatorial chino.

Pero no hay ni un pequeño rastro de todas estas cuestiones en las demandas actuales en España. Patronales aplaudiendo y sindicatos con el no pasarán en la boca, inútil ante el contexto de recortes actual. Casi nadie ha denunciado que con las últimas medidas no sólo está en riesgo el Estado del Bienestar y el consumo. Se cuestionan las bases de la democracia municipalista y plurinacional pactada en 1978. Sin una democracia de calidad no hay un mercado libre y social a la vez.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad