Conexiones catalanas de Banca Privada d'Andorra

14 de marzo de 2015 (00:00 CET)

Semana de infarto para el sistema financiero andorrano. Nunca antes vivió una situación semejante. En torno de una minúscula entidad como Banca Privada d'Andorra (BPA) ha saltado de pronto un escándalo de alcance mundial.

El Tesoro y el servicio anti-blanqueo de Estados Unidos (EEUU) encienden la espoleta: acusan a BPA de lavado a gran escala de dinero procedente de mafias y otras organizaciones criminales de Rusia, China y Venezuela. De inmediato, entra en acción el Gobierno del Principado, que interviene el banco y destituye a su consejo.

Simultáneamente, el Banco de España y el Ministerio de Economía hacen lo mismo con su filial Banco Madrid. Incluso Panamá toma cartas en el asunto y se incauta de la agencia allí abierta por el banco pirenaico.

Las graves imputaciones que pesan sobre BPA la exponen a multas demoledoras. Pocos creen que pueda sobrevivir tras este aldabonazo. Es de recordar que la OCDE excluyó a Andorra de la lista de paraísos fiscales en 2010. Desde entonces, sus bancos vienen obligados a cumplir unos estrictos estándares de vigilancia sobre su clientela. Su vulneración acarrea sanciones de órdago.

Quizá por ello, Andbank, pilotado por Manuel Cerqueda, exigió a la familia Pujol Ferrusola que se llevara sus cuentas opacas a otra parte. Al parecer, BPA es el único que se prestó al enjuague y acogió con los brazos abiertos al clan. Luego, los Pujol utilizaron su subsidiario Banco Madrid para canalizar el dinero que necesitaban para regularizar sus fortunas y ponerse en paz con el fisco español.

En el Principado cunde el desasosiego. "Llueve sobre mojado --comenta un observador cualificado--. Primero fue el caso de los Pujol, que ya dejó un mal sabor de boca. Ahora se le añade el embrollo de BPA, que se arrastra por medio mundo con repercusiones hoy por hoy imprevisibles".

El martes por la tarde, tras conocerse la expeditiva decisión del Ejecutivo andorrano, hubo reuniones de urgencia de los centros de mando de los restantes bancos. Desde las plantas nobles se transmitió un mensaje unánime. "El sistema crediticio del país sigue siendo sólido como una roca. El problema de BPA no es de solvencia, sino de mala praxis".

Al margen de los trapicheos de BPA, harto conocidos en los valles, el sector sostiene que sus prácticas son plenamente homologables a las de los países vecinos. Por ello, alberga la firme creencia de que cuando escampe el actual temporal, las aguas volverán a su cauce. De hecho, es creencia común que la catarsis permitirá erigir un sistema más robusto y lo dotará de mayor credibilidad.

Galería de personajes

El órgano de mando de BPA se componía así: copresidentes, los hermanos Higini y Ramon Cierco Noguer, máximos accionistas; consejero delegado, Joan Pau Miquel Prats. Y vocales, Bonaventura Riberaygua Sasplugas, empresario andorrano, miembro de una familia también accionista; Ricardo Climent Meca, ex directivo de Caixa Catalunya; y Federico Borrás Pamies.

Este último, fue socio director de la firma auditora KPMG en Cataluña, Baleares y Andorra; hoy ocupa la presidencia de honor del Colegio de Censores Jurados de Cuentas de Cataluña.

Los hermanos Cierco son hijos de Higini Cierco García y nietos de un enlace del servicio secreto franquista en el Principado, que después se dedicó al contrabando de tabaco a destajo. Quizá por tal origen, el predicamento de esta dinastía en las altas esferas del país nunca fue desmedido.

Cierco García se hizo con BPA en 2001. Cumplió así su sueño dorado, encaramarse a una cúpula bancaria. A la sazón poseía ya un copioso patrimonio, forjado en variopintas actividades como tabaco, import-export, hoteles, concesionarias de automóviles y gasolineras, más una potente cartera de inmuebles, buena parte de ellos sitos en Barcelona.

Su hijo Ramon es miembro de la junta del FC Barcelona y vicepresidente de su fundación. En el Barça le acompañan otros prebostes señalados por el dedo de la justicia. El líder, Josep Maria Bartomeu y su predecesor Sandro Rosell están imputados por los escamoteos fiscales en la contratación de Neymar. Carles Vilarrubí, vicepresidente del club, hubo de explicar ante la Audiencia Nacional, en noviembre último, sus incontables andanzas con el afamado comisionista Jordi Pujol Ferrusola.

No parece sino que Dios los críe y el Barça los junte. Ya se verá cómo acaba el lío de BPA. Pero dada la gravedad de los cargos, formulados nada menos que por EEUU, la saga Cierco haría bien en ir poniendo sus barbas a remojo.

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