Cómo llega el desconocido 2015

08 de diciembre de 2014 (00:00 CET)

La bola de cristal para el año venidero ya está en los quioscos. En su número especial de cada año sobre lo que se avecina, The Economist se arriesga al desacierto, pero la verdad es que --este año "El mundo en 2015"-- resulta un empeño envidiable.

Para 2015, el diagnóstico sobre el malestar democrático se hace general. Para la Unión Europea, la desafección británica es un riesgo, mientras que en los Estados Unidos el Capitolio republicano tiene la Casa Blanca de Obama con las manos atadas. ¿Cómo tomarse las grandes decisiones que pueden ser obligadas en cualquier momento? Y, sobre todo, ¿cómo aliviar la incomodidad que las democracias padecen en todo Occidente?

En el caso de España, The Economist da por hecho que el momento de las reformas en profundidad ha llegado a un punto de agotamiento, después de haber sido un caso destacable en toda Europa. La economía española en 2015 --dice de The Economist, nunca infalible, por supuesto-- entra en zona de matices con una recuperación en mejoría, pero con el lastre de déficit y deuda.

Y es en esta circunstancia cuando el calendario político impone requerimientos de orden electoral que pueden debilitar aún más la recuperación. Como mínimo, por ahora no habrá más reformas en profundidad. Además, claro, con más de cinco millones de parados en la calle, cuesta creer que la economía mejora.

Muchas variables pueden aparecer incluso antes de las doce uvas de la Nochevieja


Y para mayor infortunio, la corrupción aparece en cascada. Sigue en activo el populismo independentista en Cataluña y aparece el populismo anti-sistema de Podemos. Pero sobre todo, el estado social más extendido es la apatía. Incluso en la hipótesis de una negociación Barcelona-Madrid, The Economist prevé un impasse de años con lo que 2015 puede ser un tramo con baches tanto en términos políticos como económicos.

Este panorama, y aún más después de los efectos de la crisis de 2008, no es catastrófico ni apocalíptico. Demuestra una vez más que hoy en día las fotos fijas están devaluándose. El tiempo económico se ha acelerado y en la política cada vez tienen más peso los imprevistos.

Véase que las predicciones de The Economist son previas a un bajón en el precio del petróleo del que España puede salir favorecida y Podemos todavía no había comenzado a rectificar su programa. Otras tantas variables pueden aparecer incluso antes de las doce uvas de la Nochevieja.

Pasar del shock del futuro al shock del presente no es una simple fórmula. Incide directamente en los procesos económicos y requiere una innovación seria en la política. Mientras se convoca a los españoles a las urnas, el error sería una política auto-complaciente. Ese shock del presente altera en buena manera los modos de la política de siempre.
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