Cómo destruir Venezuela

28 de febrero de 2014 (00:00 CET)

Maduro consigue lo que parecía imposible: empeorar y envilecer al máximo la funesta herencia del chavismo. La destrucción de Venezuela no es metafórica: Maduro destruye confianza, convivencia, la paz en las calles, calidad universitaria, las clases medias, los derechos humanos, la seguridad jurídica, la moneda, la ley y el sistema económico, el Estado, la nación. Su capacidad para liderar la regresión solo es equiparable a su brutal personalidad política, informe, populista, grotesca, fatídica.

¿Cómo pacificar las calles de Caracas si es la propia república bolivariana la que distribuye violencia con sus bandas armadas y sus grupos paramilitares? Maduro consuma lo iniciado por Chávez. El precio es inaudito: encarcelamiento de opositores, movilizaciones estudiantiles, Internet en llamas, carestía alimentaria, falta de medicinas, cierre de medios de comunicación independientes, una inflación del 56% --la más alta del mundo--, endeudamiento, más criminalidad.

La respuesta de Maduro, como ocurre en los sistemas inspirados de inspiración mixta --aquí fascista y neototalitaria--, es que la culpa de todo corresponde a la gran conspiración. Al obtener tan solo una mayoría del 1’49% en las elecciones presidenciales, muy al contrario de cómo ocurre en las sociedades abiertas, Maduro optó por atribuirse un mandato que iba a excluir a más de la mitad de la sociedad venezolana.

Es el golpe de Estado permanente. Dividir, anular toda posibilidad de consenso, buscar provecho político en un malestar social que se expande con el riesgo de consecuencias aciagas.

 
Maduro ha perfeccionado el método para destruir Venezuela
Con Maduro nunca sería posible la reconciliación nacional, sino todo lo contrario. Los testimonios lo ven cada día en la calle. Incluso al clientelismo chavista se le han roto las costuras. Terrible momento para la política de la oposición, a la que Maduro ha puesto literalmente entre la espada y la pared. No es fácil coordinar estrategias para dar respuesta a la violencia política de Maduro, y a la brutalización de las masas chavistas. Pero aún así, la alternativa no es la calle.

Maduro excede ahora mismo toda forma histórica de autocracia porque, en la segunda década del siglo XXI, ha convertido el poder arbitrario en una máquina tan inmensa de destrucción del bien común. Ese Estado policial solo ejerce aquí funciones represivas, al margen de toda ley. La sociedad venezolana carece de leche y de papel higiénico.

¿Rebelión en las filas chavistas como reacción al exceso de Maduro? En algunos feudos del chavismo --según la prensa internacional-- aparecen discrepancias ante la represión masiva. ¿Qué salida es practicable si Maduro no envaina el sable bolivariano?

Prosigue la retórica antinorteamericana del chavismo, precisamente en un momento de grandes iniciativas de libre comercio en la zona, ya repudiadas por Chávez.

Maduro está en fase de monólogos inspirada por los discursos de Fidel Castro. Es el poder corrupto contra el ejercicio de las libertades. La supervivencia económica de los venezolanos está en precario mientras Maduro envía petróleo a Cuba, a precio de ganga. En coincidencia, las compañías aéreas quieren lo que se les debe o dejan de volar. Maduro ha perfeccionado el método para destruir Venezuela.
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