Cómo cuadrar el Círculo (de Economía)

25 de mayo de 2013 (20:26 CET)

El próximo fin de semana, Josep Piqué administrará como maestro de ceremonias la XXIX Reunión Círculo de Economía, en el hotel Meliá de Sitges, su cubículo en los últimos años. Allí, además de los presidentes de la Generalitat y del Gobierno español, otros intervinientes hablarán sobre la economía española, europea y mundial. El lema de las jornadas es Para que Europa funcione. Buen reto, lástima que no siempre la realidad y el deseo se ensamblen con precisión. El esfuerzo intelectual, en cualquier caso, es loable.

Tras ese acto, hacia finales de año, Piqué deja la institución después de su segundo periplo por ella. El primero fue interrumpido por su nombramiento como ministro del gobierno de Aznar, allá por 1996 (siglo pasado, que nadie se olvide, Aznar incluido), y quiere dejar rastro, huella y pantallazo de su presidencia actual. A Piqué, un buen ministro, un gestor empresarial discutible (Ercros), y un intelectual de primer nivel, la cúpula del Círculo le ha servido como corolario de una carrera profesional y política que para sí ansiarían muchos mediocres de Barcelona y de Madrid.

Se va y no por deseo expreso, sino por agotamiento estatutario. El Círculo tiene sus liturgias y sus diferentes tradiciones, una de ellas es que sus máximos responsables no se perpetúan en el cargo. Entran y salen, como quien va a hacer la compra al hipermercado. Y en la caja tiene que mostrar el carnet de identidad si pagan con tarjeta. El de Piqué es un DNI conservador, humanista, liberal y abierto al mundo de los negocios. Bregado en Madrid y sobrado en Barcelona, donde sigue exhibiendo la sensación de que pocos le pueden olisquear la suela de los zapatos.

En su nueva etapa, el Círculo deberá designar presidente entre Josep Oliu (Banc Sabadell), Artur Carulla (Agrolimen-Gallina Blanca) y Antón Costas (más académico e intelectual económico que accionista de Terras Gaudas, por cierto una bodega interesante). ¿Por qué esos tres? ¿Es que no hay otros candidatos? Por supuesto, tantos como ciudadanos del mundo de los negocios pululan por la capital catalana. Esa es una tarjeta a la que aspiran y desean más de los que pueden poseerla.

El lobby, la institución, la entidad económico-académica, el foro de opinión, la asociación empresarial, en definitiva, el Círculo de Economía, tiene sus propias liturgias. El presidente futuro sale elegido entre los vicepresidentes presentes y con el beneplácito de los antiguos presidentes. ¿Existen mejores candidatos? ¿Alguien podría darle un nuevo rumbo a su futuro más inmediato? Of course, más de uno y de dos. Por ejemplo, Ángel Simón, presidente de Aguas de Barcelona y uno de los pocos hombres de negocios barceloneses que no obedece al estereotipo de un garrulo con posibles. Pero Simón llegará a la presidencia por decantación natural. Será dentro de tres años, cuando alguno de los que hoy son vicepresidentes oficie su propio cambio de tercio. Que es uno de los mejores, ilustrado, humanista, intuitivo, global... es casi una obviedad.

Si el Círculo de Economía acaba presidido a finales de año por Antón Costas, como indican todas la quinielas a las que juego, resultará una buena noticia. Supondrá que Isidro Fainé ha dejado de equivocarse, como aconteció hace tres años, proponiendo candidatos e intentando controlar hasta el segundero de sus relojes. Fainé a lo suyo; Costas a presidir el Círculo en una etapa académica de transición; y Simón a preparar la renovación futura de un club que necesita reformular su esencia y su existencia.

En las últimas elecciones, los antiguos presidentes hicieron valer su fuerza, su liturgia, la fuerza de la costumbre y, al final, su capacidad de prescripción para evitar que Salvador Alemany cerrara el paso a Piqué. Fainé, quizá confundido por el presidente de Abertis, apadrinó a Simón para acceder al frente de la entidad. No falló Simón, perdió Alemany y, por ende, Fainé. Y aunque el presidente de La Caixa tenga el halo de ser un ganador nato, en ocasiones le cruje el suelo bajo sus pasos. Aquella fue una de esas ocasiones.

Antón Costas será el nuevo presidente del Círculo de Economía. Es un gallego listo, influyente, capaz, no nacionalista y respetado en un doble ámbito: el académico y de los negocios. Costas forma parte del aparato del Círculo, que forman su director general, Jordi Alberich; y el periodista Josep Ramoneda. Los tres han trazado en los últimos años la línea por la que debe circular la institución: ecléctica en lo político, independiente e ilustrada. Al triunvirato le une la inquietud por mantener alto el estandarte del pensamiento y la independencia funcional. Y, curiosamente, han sostenido a Piqué en un contexto adverso en lo político y cuando otros partidos habían puesto sus peones a trabajar para evitarlo.

Asumidas la reglas del juego, el Círculo de Economía debe comenzar un proceso de reformulación que debería alcanzar a todas las instituciones y entidades catalanas de este siglo. ¿Qué quiere ser? ¿Con qué apellidos? ¿Y cómo se llega a eso? Son respuestas complejas a preguntas muy primarias. Sin presiones de los poderosos, sin sortilegios de los neonatos de la cosa y, sobre todo, aplicando como política fundamental de la casa el sentido común y la actuación poliédrica en lo ideológico. Su esencia fundacional, su credibilidad.

Si alguien quiere saltarse esos cánones estará poniendo puertas al campo, complicándose la existencia y haciendo un flaco favor a la racionalidad que es santo y seña de la institución. Querer cuadrar el círculo de esa manera no tiene ningún éxito asegurado, ni tan siquiera un ápice de valor.

Nos vemos en Sitges.

TRATAMIENTO SEMANAL DE CHOQUE:
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Supositorio matinal >> Para el directivo del Barça que acaba de llevar los libros de una segunda empresa al juzgado para protegerse de una gestión discutible con un concurso de acreedores. No daremos su nombre hasta que el magistrado admita la insolvencia, pero sí podemos avanzarles que tiene socios ilustres en el capital.

Supositorio nocturno >> A quienes desde Pimec han intentado confundir a la opinión pública catalana asegurando que la Generalitat les había “certificado” su representatividad en el sector del metal para negociar el convenio. Lo hicieron a través de un comunicado oficial que fue después desmentido por la conselleria de Felip Puig. No dudo de la legitimidad de su reivindicación, al contrario, pero las fórmulas para conseguir su objetivo no son de recibo ni representan a sus asociados. Alguien se está equivocando en esa organización, y no poco, en la gestión de este asunto.
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