¿Cómo combatir la corrupción? Cierren las puertas de su entorno

18 de noviembre de 2014 (00:00 CET)

Somos algunos los que sostenemos desde hace tiempo que allí donde existe un corrupto, antes hubo un corruptor. Es una actitud recíproca en la mayoría de los casos. El que tiene esta condición acostumbra a tomar decisiones o a procurar favores a cambio de recompensas.

Diferente es, por ejemplo, quien mete mano en la caja. Ahora el término de moda es la corrupción y a todo lo bautizamos así. Pero son cuestiones diferentes, y un ladrón es un ladrón y un sinvergüenza, lo mismo. Para evitar que haya corruptos hay que luchar muy en serio contra los corruptores. En el resto de los casos, las leyes bien aplicadas, con severidad y criterio, son más que suficientes.

 
¿Puede Moya-Angeler seguir en los consejos de administración? ¿Y Jaume Matas? ¿Y los Pujol?

Pongamos el caso que hemos explicado estos días de las correrías de Joaquín Moya-Angeler, un empresario vinculado a los socialistas que reconoció en su día haber usado unos fondos públicos procedentes del programa europeo Feder destinados a la I D para que su empresa se construyera un edificio que alquiló a otra empresa de la que era consejero. Y, ahora, al cabo de un tiempo, la juez Mercedes Alaya le ha imputado e impuesto fianza civil por su presunta participación en el caso de los ERE de Andalucía.

El mayor castigo o reprobación que podría obtener una persona de ese perfil es el ninguneo inmediato de la sociedad en la que opera. Eso sí es responsabilidad social. Actituaciones como la descrita (una reconocida, otra pendiente de resolución judicial) no pueden pasar inadvertidas y que el tiempo las cicatrice. ¿Cómo pueden un fondo británico que se supone reputado, una empresa farmacéutica como Almirall (de la familia Gallardo) y el resto de accionista de Sarquavitae ofrecerle a este señor un puesto nuevo en otro consejo de administración? ¿Qué mensaje lanzan a la sociedad? ¿Actúan con ese mismo perfil despreocupado en cada una de las actividades que desarrollan? ¿Puede seguir siendo vicepresidente de una compañía alimentaria como Leche Pascual?

Para evitar a los corruptos hay que establecer cercos incuestionables. Actuar de otra forma sólo alimenta la sospecha de la ciudadanía en que el poder, sea político o económico, sigue más preocupado de mantener sus privilegios que de hacer algún servicio útil a la sociedad. ¿Podrá Jaume Matas cuando salga de prisión ser un consultor contratado por cualquier empresa española? ¿Quién le estará contratando? ¿Y los representantes de la familia Pujol, podrán seguir ejerciendo sin reproche social?

Que no acabemos gobernados por una fuerza populista y demagoga depende mucho de cómo actuemos como colectivo sensato y razonable. De seguir por la línea actual sólo trabajamos como país a favor de quienes utilizan el discurso facilón para intentar acceder al poder sin más programa que el descontento generalizado que nos invade. Con el peligro que todo ello encierra.
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