Colonial, una inmobiliaria 'rara avis' en España

08 de mayo de 2014 (00:00 CET)

Tras explotar la burbuja, la mayoría de compañías inmobiliarias españolas sucumbieron a la crisis de manera definitiva. Martinsa Fadesa, Realia, Inmobiliaria Colonial, Renta Corporación... todas ellas empezaron a perder dinero a espuertas y algunas entraron en una espiral imparable que las llevó directas a la insolvencia.

Era obvio que gestionar una empresa de estas características en los años buenos del boom resultaba sencillo incluso para quienes no tenían los más mínimos conocimientos del sector, del management y de la ética empresarial, eso que saben ustedes que algunos denominan responsabilidad social corporativa.

 
Supone una noticia empresarial de primer nivel que una inmobiliaria española, una de las grandes, haya conseguido remontar el vuelo tras la crisis

Pero en toda norma acostumbra a producirse una excepción. El caso más próximo es el de Inmobiliaria Colonial, una compañía que ha tenido muchos propietarios en su ya larga historia. A su frente han estado en los últimos meses dos personas que han demostrado que con ideas y creatividad aún puede resultar posible darle la vuelta, como un calcetín, a un negocio ruinoso si con ello se consigue salvar los cimientos y las estructuras sólidas de un grupo.

Juan José Brugera, como presidente, y Pere Viñolas, como primer ejecutivo, han sido capaces de lograr que el mercado les reconociera. ¿Qué significa eso? Pues que los bancos les permitieran renegociar las deudas (con un préstamo sindicado de 1.040 millones) y que los inversores creyeran en sus posibilidades de salvación y cubrieran una ampliación de capital de 1.263 millones de euros.

Brugera y Viñolas, o al revés, que tanto monta, han tenido el aplomo y la firmeza de aplicar al grupo recetas que no han sido capaces de instrumentalizar otros competidores. Será su capacidad de convicción o su solvencia personal lo que ha conseguido el éxito, pero lo cierto es que después de no pocos avatares la compañía parece limpia y dispuesta a especializarse en el negocio que llaman patrimonialista (en esencia, alquiler de oficinas).

El origen francés de su joya de la corona, Société Foncière Lyonnais, ha animado también a la banca francesa a participar en los créditos. Allí posee un gran mercado y una confortable posición. Desde ese activo, los dos hombres que han pilotado los últimos tiempos de Colonial han hecho posible que Villar Mir o Qatar Investment Authority se hayan decidido a invertir en el grupo. No ha sido fácil, tiene un cierto mérito. Y, sobre todo, supone una noticia empresarial de primer nivel que una inmobiliaria española, una de las grandes, haya conseguido remontar el vuelo tras la crisis. Un rara avis, gracias más que nada a quienes han pilotado el proceso.
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