Colau, la 'súper heroína' populista

12 de mayo de 2015 (00:00 CET)

Ya sabemos que el inicio de una campaña electoral es campo abonado para que los adversarios políticos se tiren los trastos a la cabeza ante ellos. Ada Colau ha sido la primera víctima. Los buenos resultados que le auguran las encuestas parecen suficiente para que se le recuerden sus pecados de juventud.

En las últimas horas ha circulado por las redes el vídeo protagonizado en 2007 por la candidata de Barcelona en Comú en el que irrumpía en un mítin de Inma Mayol, entonces candidata de ICV, y vestida de heroína hacía su numerito de márketing sobre la vivienda.

Las paradojas de la política son absolutas. La mujer que según Pablo Iglesias debería ser ministra de Vivienda en España boicoteaba hace unos años al partido con el que ha acabado haciendo frente común para intentar el asalto a la alcaldía de Barcelona.

Colau es vista por muchos barceloneses como una alternativa al inmovilismo de la ciudad en los últimos tiempos. De hecho, con los ex compañeros del PSUC que le acompañan como asesores, lo mejor que ha hecho es crear un relato de ciudad que, aunque discutible, tiene la virtud de ser un relato. Incluso aunque se invente lo de la moneda propia para la ciudad. Y lo que puede parecer una obviedad no lo es tanto, porque entre sus opositores hallar un discurso medianamente hilvanado, capaz de ilusionar a los habitantes de la capital catalana, es una tarea difícil.

La candidata Colau no habla de soberanismo e independencia. Habla de supuestos problemas reales con un punto de populismo demagógico evidente. Pero no está mal que sea capaz de acercarse a la ciudadanía cuando todos los demás se alejan desde su visión tecnocrática de la política. Pero de ahí a considerarla una especie de heroína del municipio aún se aprecia demasiada distancia. Sobre todo, para la gente de orden de la ciudad que vive en un mar de dudas porque no quiere votar al neoindependentista Trias, que dudan del PP y C's y que han perdido la confianza en el nuevo rumbo del PSC.

Confieso que no tener que votar en Barcelona es un alivio.

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