Cinismo 2.0

05 de marzo de 2013 (20:49 CET)

Estamos asistiendo a un striptease de sueldos y salarios de los principales políticos españoles, que si no fuera demagógico, sería positivo. Estoy de acuerdo. Publiquemos los sueldos, pero publiquemos todos aquellos salarios que se pagan (totalmente o en parte) con dinero público.

Por tanto, no sólo los de los políticos, sino los de los cargos de confianza, altos funcionarios, directivos de empresas públicas, empresas que reciben subvenciones públicas, las que obtienen desgravaciones fiscales, empresas contratadas por la administración, etc ... porque una parte de estos sueldos también se deben al dinero público (unas subvenciones a las que Economía Digital renunció, por cierto).

Y no nos olvidemos de publicar las dietas por asistencia a consejos de administración, los gastos cargados por viajes, alojamientos, bebidas o comidas. Publiquemos también los ingresos por conferencias, estudios, asesoramientos y consultorías que provengan de alguna de estas empresas y que reciben de una u otra fuente dinero público y veremos quién viaja en primera clase pagando el contribuyente. Nos sorprenderíamos.

De acuerdo. Denunciemos la corrupción, pero toda. Tengamos tolerancia cero contra el enriquecimiento ilegal. No sólo tenemos que parar la gran corrupción, sino también la pequeña. Denunciemos al fontanero que hace una reparación sin factura. Acusemos a la mujer de la limpieza que trabaja sin asegurar y al que la contrata.

También denunciemos el caso del médico que te visita sin declarar o la hija que utiliza recetas del abuelo para obtener los medicamentos. Denunciemos la corrupción de lo que ocurre: gastos de viaje que resulta que son unos caramelos para el hijo, un pañuelo para la esposa, la gasolina para el fin de semana, el taxi hasta casa, o una comida con el amante. Denunciemos la corrupción del que se baja películas sin pagar por internet.

Todas estas pequeñas ilegalidades también son corrupciones. Y, si no las perseguimos, al menos fijemos un límite. ¿Mil? ¿Dos mil? ¿El círculo definido por mis amigos?

De acuerdo, persigamos a los altos ejecutivos que se han enriquecido ilegalmente pero persigamos a todos los ejecutivos que han cobrado jugosos bonus por actuar ciegamente a corto plazo poniendo en riesgo la empresa o que se han vinculado a la banca, creando una montaña de crédito que nos ha llevado hasta aquí.

También tenemos que perseguir a todos aquellos directores de oficina bancaria que aconsejaron comprar preferentes, o hacer hipotecas en divisas o comprar warrants. Hay que perseguirlos porque éstos también cobraron sustanciosos bonus anuales cuando alcanzaban sus objetivos de venta. Y cuando ya habían quemado a la clientela de una oficina, los cambiaban a otra. Para estos individuos no había clientes, sino cuentas corrientes con piernas.

De acuerdo, vamos a reducir los coches oficiales y también los gastos de representación de políticos. Pero hay que reducir también los conductores de los vehículos de las empresas públicas, de presidentes de patronales, de secretarios generales de sindicatos, de consejeros delegados de algunas entidades bancarias, de algunos medios de comunicación, etc ... Porque todos ellos han recibido dinero y ayudas públicas.

Habría que reducir, del mismo modo, todos aquellos coches de empresa de los altos directivos de cualquier compañía que haya recibido contratos públicos, subvenciones o desgravaciones fiscales, porque parte de ese coche también lo hemos pagado entre todos. Que pregunten a todos aquellos que denuncian con vehemencia el lujo público, cuáles son sus lujos y sus fuentes de ingresos. Nos quedaríamos en shock.

De acuerdo. Hay que establecer un bonus máximo para los directivos bancarios europeos y así frenar su voracidad especuladora, pero que sea tan generoso como el malus que pagarán (de su bolsillo) por lo que hagan mal. Y ya puestos, ¿por qué no ponemos bonus máximos en otros sectores igual de tóxicos? La sonada desaparición de la auditora Arthur Andersen con la crisis de ENRON en 2001 ya nos avisó del importante papel de las empresas auditoras y de calificación. ¿No han tenido de responsabilidad en esta crisis? ¡Pongamos un bonus máximo (y un malus) también para sus directivos!

¿Y para aquellos que se han beneficiado de la obra pública inútil? Estamos endeudados hasta las cejas por autovías sin coches, AVEs sin pasajeros y aeropuertos sin aviones. ¿Por qué no ponemos también límite a quienes han recibido algún tipo de bonus por realizar estas obras faraónicas que nunca se rentabilizarán, que incrementan la deuda, encarecen la prima de riesgo y aumentan la factura anual de intereses?

No hablo sólo de los políticos que las ordenaron, sino también de los directivos de constructoras, de ingenieros, de arquitectos y de accionistas. Para que a todos aquellos que se beneficiaron, fuera cual fuera su bonus, se les ponga un límite.

Y algo tendríamos que preguntar a aquellos electores que elegimos a unos políticos tan irresponsables, ¿verdad? Porque los políticos que lo pusieron en su programa, podían ser unos locos pero, ¿y los votantes que les dimos alcaldías, comunidades y gobierno? ¿No podíamos ver que lo que votábamos era una locura? Bueno, pues también gracias a estos votantes todos pagamos las consecuencias.

De acuerdo. Hagamos públicas las transcripciones de conversaciones telefónicas de secretos de sumario en Internet. También accederé a que hagamos públicas las conversaciones privadas de dos señoras sobre el amante de una de ellas, en un restaurante.

Pero también tenemos que hacer públicas las conversaciones privadas de todos los que van a restaurantes, de todos los que hablan por teléfono, y de todo el mundo. Acabemos con el derecho a la intimidad. Que salgan las vergüenzas de todos a la luz pública porque seguro que entre todas estas conversaciones encontraremos indicios para imputar a alguien de algo.¡ Seguro!

En fin, que estoy de acuerdo con todo lo que se dice y se critica en los medios de comunicación, tertulias y artículos de opinión. Estoy de acuerdo. Pero por favor, seamos honestos, que no se nos vea el plumero cuando criticamos lo que todos nosotros hacemos cada día en mayor o menor grado.
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