Carles Tusquets, el socio del Cavalieri

24 de marzo de 2012 (23:00 CET)

Carles Tusquets, el presidente ejecutivo de Fibanc-Mediolanum, vive en una urna de cristal. Se asoma a la alta Diagonal desde su despacho del palacete Abadal, el corazón del My Fair catalán, donde están ubicadas las sedes corporativas de La Caixa, Planeta, Fiatc o Núñez y Navarro, entre otras. Allí se bifurcan su trayectoria profesional (banquero, miembro del Instituto de Analistas Financieros) y su papel de prohombre de la sociedad civil catalana.

Promovió el lobby Barcelona Centro Financiero, colaboró en el impulso del GTI-4 (la unión de las organizaciones económicas en defensa de las infraestructuras) y participó en la promoción del aeropuerto de Barcelona durante el espejismo de Spanair. Tusquets nunca ha faltado a las citas que la historia de este país reserva a los miembros de su clase dirigente. También participa, aunque de forma indirecta, en iniciativas no gubernamentales de enfoque internacional, como ocurre con la Fundación Tanja, un patronato bilateral Hispano-Marroquí, presidido por su esposa, Rosa Cañadas, al que pertenecen el embajador Omar Azziman, André Azoulay (consejero de Mohamed VI), Javier Solana, Miguel Ángel Moratinos, Josep Borrell o Jordi Pujol.

Ha transcurrido un cuarto de siglo desde que Tusquets presidió el Cercle d’Economia, en la junta entrante de 1989, integrada por un mix de académicos y altos cargos de la Administración catalana, que habían estudiado económicas en el campus de Pedralbes y que entonces todavía no habían cumplido los cuarenta. Aquella hornada, la de Anna Birulés, Antón Costas o Josep Piqué (ex ministro de Exteriores, que cumple ahora su segundo turno como presidente de la institución) compartió junta con patronos de empresas familiares, como Joan Molins, y con socios fundacionales, como Carlos Güell de Sentmenat. Sus dos mandatos al frente del Cercle coincidieron con el inicio de la lenta decantación nacionalista del influyente foro de opinión.

Tusquets, que ha mantenido siempre una buena amistad con varios miembros de la familia Pujol-Ferrusola, fue promovido al cargo de consejero de Economía en la última legislatura de Jordi Pujol (2000-03) en la Generalitat, pero decidió no aceptar la titularidad del Departamento, que finalmente desempeñaría Francesc Homs.

En la trayectoria de Tusquets, lo profesional y lo institucional se cruzan repetidamente. Empezó en una gestora de patrimonios de Banca Catalana (hoy BBVA) y muy pronto fue contratado por Bankunión para desarrollar el mercado de capitales. En los primeros 80 fundó su propia marca, Fibanc, desenterrando la ficha de sus antepasados, los dueños de la Banca Tusquets. Durante varios años, compaginó esta tarea con el cargo de Tesorero en la junta directiva del FC Barcelona, presidida por Josep Lluis Núñez.

Su banco echó a andar cuando el entonces gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, aceptó a Fibanc en el selecto club de bancos regulados coincidiendo con el fin del statu quo del mercado financiero español. Poco después, bajo la Ley del Mercado de Valores de 1989, Fibanc se convertiría en agencia de Bolsa. En el 2000, Fibanc se agarró al antebrazo duro de Mediolanum. El banco italiano adquirió el 66,3% de Fibanc; el banco de Tusquets pasó a ser propiedad mayoritaria de Ennio Doris, presidente de Mediolanum, y el grupo Fininvest, controlado por el magnate y ex primer ministro Silvio Berlusconi, il Cavalieri.

Antes del verano de 2007, cuando el precipicio de la crisis se acercaba sin ser apenas percibido, algunos de los accionistas históricos de Fibanc –el Colegio de Médicos y los particulares Ángel Surroca, Joaquim Comella, Oriol Ribas o José Antonio Castro– aprovecharon las vacas gordas para deshacerse de sus participaciones a buen precio. El desembarco italiano no significó una entrada de fondos pero especializó el rumbo de la entidad en la banca telefónica y el mundo digital, al tiempo que la condujo hacia una drástica disminución de sus costes fijos, siguiendo el criterio de Mediolanum Italia, un banco de una sola oficina, situada en el centro de Milán y cotizado en Bolsa.

Ahora, cuando el margen de intermediación de los bancos se estrecha a diario, la sede barcelonesa de Mediiolanum, el palacete noucentista que Francesc Abadal ordenó levantar al arquitecto de Adolf Florensa, parece ser la auténtica captura de los accionistas italianos. La rentabilidad menguante de las finanzas será compensada en parte por el valor tácito del palacete que Carles Tusquets le compró en 1992 al hotelero Joan Gaspart, por 300 millones de las antiguas pesetas. En su momento, su precio de compra fue muy inferior a la inversión empeñada en su rehabilitación. Y hoy, es una indudable reserva de valor en manos de sus accionistas mayoritarios, Ennio Doris y Berlusconi.
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