Cara y cruz inmobiliaria del Santander en Madrid

23 de diciembre de 2012 (18:51 CET)

Podrían haber sido 150 millones de plusvalías hace cinco años, cuando falló la operación con el grupo inversor vasco R&A Palace Gestión, que no pudo encontrar ninguna entidad que financiera los 350 millones comprometidos, pero al final Banco Santander se ha tenido que conformar con 85 millones por el conjunto de edificios históricos heredados tras mil y una fusiones en el corazón de Madrid, junto a la Puerta del Sol. Con la que está cayendo en el mercado inmobiliario, no está nada mal.

Al final, en el tira y afloja mantenido en los últimos meses, los 215 millones puestos en la mesa por Juan Miguel Villar Mir, el presidente del Grupo OHL, representan, sin duda, una buena operación, para el banco presidido por Emilio Botín. Era esto o nada, ya que la opción de compra firmada hace unos meses vencía a mediados de enero.

Es la cara. La cruz de la inversión inmobiliaria la ofrece el propio Banco Santander también en pleno centro de la capital. Con esa mole de Edificio España, cerrada a cal y canto desde hace casi ocho años, acumulando un progresivo deterioro y devaluándose cada día que pasa.

Santander Real Estate, a través de su fondo de inversión inmobiliaria, pagó casi 280 millones de euros a Metrovacesa. Tras el cierre del hotel Crowne Plaza fueron, poco a poco, desapareciendo las oficinas y las tiendas y cafeterías de la planta baja. Todo.

Hubo un amago de rehabilitación, se llegó a redactar un millonario proyecto e incluso se empezaron las obras, pero ahí se quedó la cosa. Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria todo se paró. Desde entonces, las únicas personas que entran cada día en el inmueble son los vigilantes de seguridad, que velan para que –como ha sucedido en otros edificios también situados en la plaza de España– no sea ocupado de forma ilegal.

Son 28 plantas, 117 metros de altura, 4.600 metros de planta y 32 ascensores. Todo en desuso, y sin perspectivas de que lo vaya a tener a corto plazo. Se trata de algo de lo que en la sede de Boadilla no se quiere ni oír hablar. Tema tabú del que nadie parece querer saber nada, y mucho menos realizar comentario alguno. Silencio total. “Sobre ese tema no hay novedad”, reiteran los portavoces una y otra vez.

Lo único que veladamente reconocen, a través de los informes trimestrales emitidos por el fondo de inversión inmobiliario, es que el conjunto que forman el Edificio España (antiguo hotel, varias oficinas, locales comerciales y plazas de aparcamiento) llegó a estar valorado en 360 millones de euros a finales de 2010, pero que desde entonces, incluso en libros, ese valor ya está por debajo de 300.

Cantidad que, tal y como está el mercado, y a la vista de lo pagado por Villar Mir, no sería pagada por nadie. Ni hoy ni en muchos años. Un precio de entre 150 y 200 millones ya sería más que aceptable, pero en ese caso a Botín no le saldrían las cuentas, ya que las pérdidas serían excesivas. Así que mejor esperar, aunque sea a costa de alto coste de mantenimiento (impuestos y gastos) que un edificio de estas características acarrea.
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