Candidatos vicarios

13 de septiembre de 2015 (21:12 CET)

Si no les puede convencer, confúndalos.

Harry Truman.

Estas son unas elecciones peculiares, no sólo por su carácter pseudoplebiscitario, sino por algunos factores que harían estirarse de los pelos a cualquier experto en marketing político, especialmente a los americanos.

Es verdad que aquí lo de las primarias es aún algo folclórico, que sólo practican los partidos emergentes (aparte de los esfuerzos de escenificación que realiza el PSOE, que no acaban de convencer a nadie), pero la forma de designar los candidatos de cada partido no responde a menudo a criterios de mérito y eficacia (elegir al que tiene más posibilidades de ganar), sino a la voluntad de los aparatos y a otros motivos ocultos. Por lo que con frecuencia el candidato, es un candidato vicario, está allí en sustitución o representación de alguien.

Eso ocurre en el caso de la candidata de Ciutadans, Inés Arrimadas, sin duda la más telegénica de todos los que se presentan, pero que necesita apoyarse de manera reiterada en la presencia de Albert Rivera, que dudó hasta última hora  si debía ser él el candidato o reservarse para las generales.

En el caso de Miquel Iceta, del PSC, aunque es un tipo inteligente y veterano, va a tener que recurrir día sí día también a Pedro Sánchez y por supuesto a Felipe González.

Ramon Espadaler, de Unió Democrática, tiene un discurso propio, pero su falta de carisma y de popularidad tendrá que ser cubierta por la presencia de Duran i Lleida en los mítines. En un esfuerzo sobrehumano por conseguir representación parlamentaria y la supervivencia de su partido ahora que se presenta en solitario.

En el caso de Catalunya Si que es Pot (vaya nombre más horrible para una marca política), su candidato es un desconocido, igual que lo es el de las CUP, y necesitarán toda la fuerza de sus líderes más populares (aunque cuidado con las salidas de tono de Pablo Iglesias) para optimizar sus expectativas electorales.

El PP tiene en García Albiol un personaje conocido, y recibirá todo el apoyo del gobierno con Mariano Rajoy al frente, pero creo que estarán pensando más en clave de las elecciones generales que en el previsible fracaso del 27-S.

Y finalmente, nos queda Junts Pel Sí. Es un caso insólito donde los cinco primeros de la lista de Barcelona y los cabezas de lista de cada demarcación (algunos de ellos muy conocidos, como ocurre en Girona con Lluís Llach), van a tener que repartirse el protagonismo durante la campaña. Aquí no hay candidatos vicarios, sino que nada es lo que parece. El número uno de la lista por Barcelona no aspira a presidir la Generalitat, sino que el aspirante oficial va el número 4. El líder del segundo partido del Parlament actual no va el número 2 de la coalición sino el 5, y los números 2 y 3 los ocupan dos activistas, que representan los movimientos independentistas que nos han traído hasta aquí.

Todo el conjunto aparece como una amalgama de opciones confusas que hace que mucha gente se pregunte a quien estará votando en realidad el día 27: ¿a los titulares, a los suplentes, al primero, al cuarto, al quinto?

Desde hace años venimos hablando de reformar el sistema político, las leyes electorales, las listas abiertas, las primarias, y cada vez que llegan unas elecciones nos encontramos con un panorama más complicado, donde el ciudadano tiene muy limitada la capacidad de elegir y en cambio el nivel de confusión es cada vez mayor.
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