Camps busca la paz en un lugar fetiche de 'Gürtel'

30 de agosto de 2012 (17:01 CET)

Tras ser increpado en diversas ocasiones y recibir un regalo escatológico y sonado en el elitista Club de Tenis Valencia, el ex presidente de la Generalitat, Francisco Camps, apenas se prodiga en público. Camps sale muy poco de casa y, cuando lo hace, siempre va acompañado de sus escoltas y acude a lugares que considera “seguros”. Uno de estos santuarios es la arrocería Duna, un prestigioso restaurante del Saler donde Camps es cliente habitual así como -¡oh, casualidad!- toda la plana mayor de los imputados en el caso Gürtel.

Camps acudió el pasado viernes a Duna para celebrar el cumpleaños de su madre. Encargaron una “mesa familiar” para quince personas y comieron un menú típico, sin excesivos alardes: paella, ensalada valenciana y clòtxines (mejillones) del país. El ex presidente es uno de los mejores clientes del local, como también lo es Álvaro Pérez, alias El Bigotes, empresario y principal imputado de la rama valenciana del caso Gürtel.

El Bigotes, de hecho, al igual que Camps, sigue acudiendo a la arrocería de El Saler con cierta asiduidad. En los tiempos de vino y rosas, cuando la empresa Orange Market firmaba contratos millonarios con la Generalitat y el ex presidente iba a hacerse trajes a Milano y Forever Young, El Bigotes llevaba a Duna a Francisco Correa, el cabecilla de Gürtel, quien se pirraba por la ensalada de tomate y atún de la casa.

El hecho de ser un restaurante fetiche tanto para la trama corrupta como para el ex presidente valenciano –de nuevo, gran casualidad- puso a Duna como local de referencia para muchos de los grandes eventos organizados por la Generalitat y donde Gürtel metió o intentaba meter mano. Así, por el local ha pasado el magnate de la Fórmula 1, Bernie Ecclestone, y algunos de sus chicos, como el ex campeón mundial Michael Schumacher, quien tuvo algún problema con otros comensales por su negativa a hacerse fotos.

Entre los clientes de Duna, también se cuenta Ernesto Bertarelli, patrón del Allinghi y uno de los responsables de la celebración de la Copa América en Valencia, o el banquero Emilio Botín, quien envió una felicitación personalizada al restaurante por el éxito de la fiesta que la escudería Ferrari organizó en el local.

El juez Baltasar Garzón, por su parte, es otro adicto al arroz de Duna aunque no a cualquier precio. En una ocasión, cuando acudió a Valencia para asistir a la boda del hijo del empresario Miguel Montoro, Garzón quiso reservar mesa en el local pero, finalmente, decidió no acudir al enterarse que gran parte del restaurante estaba reservado para la comunión del hijo de El Bigotes. Y es que hay gente con la que mejor no mezclarse, debió de pensar el juez.

Por cierto, dicen las malas lenguas que Camps fue increpado por un comensal durante su reciente visita a Duna, aunque fuentes del local lo niegan. En todo caso, señalan: “si pasó algo, sería fuera del restaurante porque no vimos nada”. Sea como sea, desde el disgusto del Club de Tenis, el ex presidente está obsesionado con buscar rincones donde poder pasar un buen rato tranquilo. Si también son lugares de culto para los imputados del caso Gürtel, será simple casualidad. O no.

La propina


El museo del Hermitage, en la ciudad rusa de San Petersburgo, acoge este verano una exposición sobre la obra del arquitecto Santiago Calatrava. La sorpresa es que, entre los numerosos bocetos, maquetas y otros objetos que componen la muestra, resulta difícil encontrar referencias a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. A pesar de que la cobró a precio de oro, el monumento valenciano no figura entre lo más destacado de su obra para Calatrava. O, al menos, así lo parece, a tenor de la escasa presencia y tamaño de las maquetas en el museo de la antigua Leningrado.
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