Campaña electoral, una sarta de barbaridades o cuando lo de menos es Moody's

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08 de julio de 2011 (18:19 CET)

La campaña electoral está en marcha. Cuando en cuestión de una semana el Gobierno socialista empieza a repartir palos a diestro y siniestro a los banqueros, el alcalde más endeudado de España se lanza otra vez a la carrera olímpica, se procede al acoso y derribo del impopular Teddy Bautista para descabalgarle de su reino de Taifas llamado SGAE y Cultura admite que el canon digital debe ser transformado es que, no lo duden, ha llegado la hora de los políticos. O lo que es lo mismo, de echarse a temblar. Lo de Moody’s y sus calificaciones crediticias presuntamente antieuropeas es, por comparación, pecata minuta.

El mundo financiero y empresarial español no sabe dónde meterse. De la forma más intempestiva posible, la campaña electoral ya está aquí. Ha llegado a lo bestia, sin hacer pausas ni reparar en los efectos colaterales. Más o menos como siempre, es verdad, pero en unas circunstancias económicas que asustan y que exigen a nuestros políticos unas buenas dosis de sentido común que, a la vista de lo ocurrido en la última semana, nos van a brindar con cuentagotas.

Lo de José Blanco es de traca. Se ha puesto los guantes de boxear y no ha dejado títere con cabeza en el sector bancario español, el mismo que en los próximos diez días se juega el futuro inmediato con las salidas a bolsa de Bankia y Banca Cívica y la publicación de los resultados de los test de estrés.

Pues bien, en el momento más crítico del año para nuestros bancos y cajas, al ministro de Fomento no se le ocurre otra cosa que hacer populismo barato y decir que muchas de las hipotecas concedidas en los años del boom no se tenían que haber dado. Y de paso, criticar los altos salarios de los directivos de banca españoles, como han hecho también el ya candidato oficial Rubalcaba o el ministro de Trabajo, Valeriano Gómez.

Se le olvida a Blanco que gracias a esas hipotecas, entre otras cosas, su Gobierno presumía hasta 2007 de los crecimientos del PIB más altos de la vieja Europa y alardeaba de las mejores cifras de empleo de la historia. Y, claro, pasaba y mucho de las continuas señales de alerta emitidas por el Banco de España –innumerables cuando lo regentó Jaime Caruana- sobre el nivel de endeudamiento y la falta de ahorro de los españoles.

Y tampoco recuerda como al todavía presidente Zapatero no le cabía la sonrisa en la boca cuando, cara a cara con Emilio Botín en la inolvidable foto en la ciudad financiera de Banco Santander allá por 2007. Entonces las crisis era sólo un negro nubarrón y el por entonces líder indiscutible del PSOE afirmaba en casa del primer banquero del país que España estaba preparada para “hacer frente a las turbulencias de los mercados y de la economía”.

Luego, don Emilio se ha fotografiado con Mariano Rajoy y hasta ha llegado a calificar a Rodrigo Rato como “el mejor ministro de la democracia española”. Y es que los tiempos cambian… Tanto que ese sector financiero que hasta hace cuatro días era la envidia de sus competidores europeos en cuestión de solvencia es ahora para el Gobierno un nido de millonarios sin escrúpulos que ha condenado a una generación de compradores de viviendas a pagar hipotecas insostenibles. Rajoy no dice nada, pero no se ha dejado ver con ningún banquero ni empresario desde su aplastante victoria en las elecciones locales. Es prudente el gallego, más que su paisano aún en el poder.

Arde Madrid

Mientras, la temperatura en Madrid sube sin pausa. Y no sólo la atmosférica. Así, y como quien no quiere la cosa en pleno debate sobre el futuro de la SGAE y con esa estupenda cortina de humo llamada Moody’s, el alcalde Alberto Ruiz Gallardón ha emprendido su tercera cruzada para convertir Madrid en una ciudad olímpica. Lo hace lanzado por sus estupendos resultados en las elecciones municipales.

No tan buenos como los de la presidenta Aguirre, que le ha confesado mirándole a los ojos y sin tapar el micro una vez más que la Comunidad “no tiene un puto duro”. Algunos en la capital se hacen cruces por el proyecto olímpico faraónico del alcalde y creen que el esfuerzo económico que supone no se corresponde con la realidad económica del consistorio. Rodrigo Rato , que se está dejado la vida para colocar Bankia en bolsa, debe ser uno de ellos. El Ayuntamiento le debe 1.645 millones de euros, la mitad de lo que el ex director gerente del FMI necesita para evitar que su banco sea nacionalizado parcialmente. Como Aguirre, Rato está tieso y lo de los juegos olímpicos de 2020 no le debe hacer mucha gracia.

Mientras, el morbo lo pone la SGAE y su virrey Teddy Bautista. Su suerte parece echada, como la de algunos de sus mayores defensores, léase los cantantes Víctor Manuel o Caco Senante, que no han conseguido dar ni una explicación satisfactoria a las presuntas irregularidades de la institución. Ni el PSOE, que sabe de la impopularidad de Bautista, ni el PP, que suspira por quitárselo de en medio antes de las próximas elecciones generales, van a echar un cable al hombre que durante 30 años ha administrado el dinero de los artistas.

¿Y Moody’s? Ha recibido todos los palos posibles en los últimos días por hacer aquello para lo que presuntamente le pagan: poner nota a las economías y a las empresas. Como más allá de su grado de acierto sus conclusiones no gustan y son a todas luces independientes, ha empezado una campaña de acoso y derribo sin precedentes en toda Europa, España incluida.

Curiosa paradoja en un país en el que el Gobierno clama contra los banqueros porque vendieron productos que no debían en la más absoluta impunidad y la oposición contra las instituciones porque nadie fiscalizó las cuentas de la SGAE. Moody’s, como mínimo, merece ser escuchado. No tuvo esa suerte el Banco de España cuando alertó sobre el desastre inmobiliario. Pero, ya en plena campaña, ¿le importan a alguien estos pequeños asuntos?
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