Caminos espirituales

01 de agosto de 2015 (18:15 CET)

El senderismo de inspiración espiritual está de moda. El momento en el que hay menos porcentaje de creyentes y de practicantes de las confesiones cristianas es aquel en el cual los caminos inspirados en recorridos de origen religioso tiene más éxito. La preocupación creciente por la salud física y mental y la necesidad de una cierta meditación personal en una sociedad estresada y angustiada, sin duda han influido en el éxito creciente de esta oferta turística.

Es curioso ver como la mayoría de itinerarios culturales europeos avalados por la Unión Europea son de temática religiosa y medievalizante: Caminos de Santiago de Compostela, Itinerarios del Patrimonio Judío, Red de lugares Cluniacences, Itinerario de los Cistercences, Ruta de los Cementerios, Itinerarios de la Casa Dei... El caso precoz y paradigmático fueron los Caminos de Santiago. Hasta finales de los 80 sólo algunos cientos de personas llegaban como peregrinos a Santiago, ahora son cientos de miles.

Bajo esta modernidad y expectativa se ha creado el Camino Ignaciano, que recorre la misma ruta que Ignacio de Loyola hizo desde Euskalerria a Manresa en 1522. En este caso, perfectamente documentado y con fragmentos descriptivos que forman parte de la autobiografía del que fue el fundador de la Compañía de Jesús. El hecho que el actual Papa pertenezca a esta orden da un interés añadido a todo aquello que se mueve entorno a la figura histórica del de Loyola.

Las agencias de Turismo de Euskadi y de Cataluña se han puesto las pilas para promover este producto turístico. Y las ciudades que acogen el inicio y el final del camino ya hace un tiempo que han diseñado sendos planes estratégicos para aprovechar este catalizador para asear y presentar lo mejor de su patrimonio material e inmaterial.

La figura de Ignacio se mueve en una época en la que las ciudades tenían una configuración y composición social tardomedieval y, por lo tanto, permite poner en valor  todo el patrimonio (iglesias, cruces de término, casas nobles, hospitales, murallas...) coetáneo a Ignacio. Pero a la vez, permiten poner en el escaparate aquellos elementos arquitectónicos y artísticos relacionados con la huella jesuítica.

El arte barroco, que abraza la Contrarreforma, uno de los brazos ejecutores de la cual fue la orden de los jesuitas, permite poner en valor múltiples ejemplos de edificios y obras de arte influidas por el clima religioso postignaciano. Hasta el punto de que uno de los subgéneros del barroco fue denominado arte jesuítico, en honor también o lo que se considera su primera muestra: la iglesia de Gesù en Roma, inspirada, según algunas fuentes, por el mismo Ignacio de Loiola.

La ciudad de Manresa ha hecho una apuesta clara como destino final de este camino. Cuando escribo este artículo, 30 de julio, vigilia de San Ignacio, se inaugura el año jubilar ignaciano, con la apertura de la puerta del siglo XVII que en Manresa daba acceso a la capilla de culto que se erigió bajo la balma dónde, según la tradición, rogaba el Santo. Ahora, la Cueva ha acontecido también un centro de espiritualidad internacional que acoge cada año a miles de personas de todos los continentes.

Por otra parte, la ciudad ha obtenido un apoyo de la Generalitat en el marco de las ayudas al turismo, que ha invertido en la mejora y el aumento de la señalización patrimonial, mejorar la accesibilidad senderista, la ordenación de la mayor parte del rico patrimonio medieval de Manresa y la creación de un nuevo espacio interpretativo que mejora el flujo turístico de la periferia al centro comercial de la ciudad. El espacio Manresa 1522.

La ciudad de Ignacio, que se inaugurará antes de acabar el año, será un lugar donde se podrá conocer la Manresa del Siglo XVI, con la exposición de piezas originales restauradas de algunas de las iglesias y conventos de aquella época, deconstruidas durante la Guerra Civil y salvadas por la acción del ayuntamiento republicano del momento.

Bajo el triple eje Camino, Acogida y Luz la ciudad está rehabilitando y aseando el patrimonio medieval y barroco y está promoviendo políticas de acogida turística como el Plan de gastronomía, donde se han recuperado platos de época.

Sea bajo la excusa ignaciana o simplemente cultural, Manresa ofrece a los turistas muestras notables de arte medieval (La Seu: del mismo arquitecto que Santa Maria del Mar, con retablos de pintores reconocidos como Serra y Borrassà) y el Museo y la Cova, centros de arte barroco relevantes.
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