Caixa Catalunya no tiene quien le quiera

19 de mayo de 2014 (00:00 CET)

George Bernanos (París, 1888; Neuilly-sur-Seine, 1948) acuñó una premonitoria frase: “El verdadero odio es el desinterés, y el asesinato perfecto es el olvido”. Las palabras del novelista y dramaturgo francés nos permiten decir que Banc Sabadell ya ha virtualmente asesinado a CatalunyaCaixa. Su presidente Josep Oliu, parece dispuesto a dejar pasar la oportunidad de adquirir los restos de lo que fue una caja de ahorros de fundación pública con estelares etapas en la historia financiera reciente.

Esta semana comenzarán los trámites de privatización de lo que subsiste de una entidad que durante las últimas décadas estuvo en manos de los políticos socialistas catalanes. Jamás sabremos si fue mera negligencia, si los años de Antoni Serra Ramoneda, Narcís Serra, Fernando Casado y Adolf Todó al frente de la institución enterraron a la entidad o simplemente la utilizaron como un lujoso yate con el que navegar con la corte de las altas finanzas y apuntalar sus intereses personales.

 
CatalunyaCaixa no la festejan los novios que cabría esperar, oscila entre el desinterés y el olvido, casi el desamor

Si como parece Oliu pasa de quedársela (cuánto se especuló que de su unión con CX nacería un gran banco catalán), a La Caixa le puede el desinterés. En algún momento reciente, a Isidro Fainé le pareció que comprar el banco público impediría a sus más directos competidores penetrar y ocupar cuota de mercado en su territorio natural. Pero los tiempos cambian y los intereses evolucionan. Hoy La Caixa parece menos preocupada por un eventual aterrizaje del Santander de Emilio Botín en tierras catalanas. Sobre todo, después de conocer algunos detalles sobre lo que está en venta y de haber ingerido y estar en plena digestión de sus recientes adquisiciones: Banco de Valencia y Banca Cívica.

Al Santander de Emilio Botín le gustaría mejorar su posición en banca minorista en España, donde Fainé reina. Catalunya Caixa posee aún una parte interesante de red de sucursales y una cartera de clientes no despreciable. Eso sí, ya saben cómo aterriza Botín en el corpus de sus víctimas bancarias: en poco tiempo no quedarán ni restos del origen ni de la vinculación territorial de la entidad. Si alguien tiene dudas, que pregunte a los ingleses.

En el supuesto del BBVA, su participación en el proceso privatizador tiene pinta de tener un perfil de mero voyeur. El procedimiento permite conocer con mucho detalle lo que está en venta y, por tanto, a la competencia. Recientemente se quedaron y trincharon a la extinta Unnim (cajas de Sabadell, Terrasa y Manlleu) y, muchos años atrás, con la red de la antigua Banca Catalana. Disponen de una posición cómoda de mercado y parecen más dispuestos a saber qué se quedará el comprador que a otra cosa.

Al final, con la excepción relativa de Botín, a CatalunyaCaixa no la festejan los novios que cabría esperar por su historia y relevancia en el mapa financiero español décadas atrás. Oscila entre el desinterés y el olvido, casi el desamor.
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