¿Caixa Bank(ia)?

11 de noviembre de 2011 (17:25 CET)

La política ficción es un género periodístico extendido. La política es tan poliédrica que permite todo tipo de interpretaciones y, en la mayoría de los casos, válidas. En materia de discernir sobre la cosa pública siempre vale aquello de Se non è vero, è ben trovato.

Abusando de su confianza les propongo un pequeño divertimento en el terreno de las finanzas-ficción, un género que prolifera menos en los medios de comunicación. Allá vamos.

Supongamos por un momento, y siempre en ese terreno de la hipótesis, que los principales dirigentes de todas las entidades financieras españolas que quedan en pie (y cada vez son menos) tienen sobre su mesa, a modo napoleónico-militar, una especie de mapa del sector lleno de soldaditos que van cambiando de sitio.

Supongamos, nada más eso, que una vez encarado el primer proceso fuerte de reordenación del sector bancario, el 20N concluye con una victoria sin paliativos de Rajoy. Imaginemos que Don Mariano decide, en los 50 días de margen que le da Pedro J. Ramírez al nuevo gobierno, constituir un banco malo en el que se agrupen los activos tóxicos de las entidades (la porquería, el tocho, el suelo...) para lograr, así, que se acaben las provisiones y saneamientos y, de paso, bancos y cajas vuelvan a dar crédito.

Antes de junio de 2012, los bancos españoles tienen que cumplir con las exigencias de capital que les ha requerido la autoridad bancaria europea (EBA). Esos seis primeros meses serán cruciales: la segunda oleada de concentraciones, fusiones o matrimonios convenidos tendrá lugar de manera vertiginosa. El común denominador de todas ellas es que necesitan dimensión para afrontar su posición en los mercados internacionales, ganar economías de escala y afrontar con garantías un futuro incierto en el sector.

Siempre en ese terreno de la ficción que les proponía, una de las operaciones que cobra más posibilidades en el mercado español es una eventual unión de los dos grupos que han nacido de la bancarización de La Caixa y de Caja Madrid más un entorno de pequeñas entidades. La operación es posible y no disgusta ni en las torres negras de la Diagonal ni en las madrileñas torres KIO.

El presidente de Caixabank, Isidro Fainé, ya fichó en su día al de Bankia, Rodrigo Rato, para Criteria cuando no era fácil justificar desde perspectiva catalana aquella incorporación (La Caixa comunicó aquel asunto un domingo, justo en el momento en el que cerraban los colegios electorales de las anteriores elecciones generales, de marzo de 2008).

Ambos han reorganizado la CECA y han conformado casi a su antojo el mapa español de cajas. Uno podría ser presidente y otro vicepresidente, y luego relevarse a medio plazo. Las redes de sucursales, salvo alguna redundancia urbana, son complementarias y, además, controlan el triángulo del PIB español (Catalunya, Madrid y Valencia). La resultante sería un banco mayor que el BBVA con absoluto control del mercado minorista en España y un sólido grupo industrial detrás. Son, únicamente, datos para construir una hipótesis.

Antes de final de año, la CAM tendrá un comprador. Santander y BBVA han optado al concurso, igual que Caixabank, por presiones del Banco de España. El más interesado, no obstante, es el Banc Sabadell de Josep Oliu. La entidad barcelonesa se quedó compuesta y sin novio cuando el Pastor, por razones que oscilaban entre lo divino y lo humano, se echó en brazos del Popular.

Ahora, para construir un grupo de unos 200.000 millones de volúmen, Oliu estaría dispuesto a quedarse la caja alicantina si el precio es correcto y la limpieza previa del Frob elimina agujeros negros. Algunos de los accionistas de referencia del banco (José Manuel Lara, Sol Daurella, Isaak Andic y Joaquín Folch Rusiñol) hubieran preferido una operación con La Caixa, pero ni la complementariedad del negocio ni el precio que hubiera estado dispuesto a pagar Fainé hacían viable esa boda, por más que insistían las familias.

La reorganización del mapa financiero español sigue interpretándose en la prensa y los cenáculos de poder en clave esencialmente madrileña. Emilio Botín y Francisco González son siempre los protagonistas del futuro. Todos los novios que se le asignan a Bankia en el futuro inmediato tienen domicilios sociales no catalanes. El BBVA, uno de los que más.

Pero, háganme caso, la ficción nos señala caminos que luego transita la realidad. Como decía Oscar Wilde, “los buenos terminan felices; los malos, desgraciados. Eso es la ficción”. Pues eso, queda escrito.
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