Botín, ¿irrepetible?

10 de septiembre de 2014 (17:57 CET)

Era probablemente, no solo el banquero más importante de España sino el empresario más relevante y en definitiva quien, en este país, ha detentado en los últimos 30 años más poder durante más tiempo.

Cuando en 1986 heredó la presidencia de su padre, los mentideros de la época se cansaron de vaticinar que ese “hijo de papá” sería incapaz de suceder con éxito a la venerable figura de Emilio Botín-Sanz de Sautuola y López, progenitor del banquero hoy desaparecido. Y eso teniendo en cuenta que el Banco de Santander de mediados de los ochenta poco tenía que ver con el Grupo Santander actual. Era un banco mediano con una cotización fácilmente “cuidable” y con un negocio centrado casi solamente en España.

La conversión en la primera empresa española, el primer banco en capitalización de la zona euro y uno de los doce o quince grandes bancos de todo el mundo ha sido, obra personalísima del “hijo de papá” que fue recibido con prevenciones en el aquel entonces, omnipoderoso y “carteliano” sanedrín bancario.

Y no iban desencaminados en sus aprehensiones. Poco tiempo necesitó Emilio Botín para dinamitar dicho sanedrín a través de las primeras guerras comerciales bancarias, casi siempre iniciadas por el presidente del banco cántabro, con superdepósitos, fondos, y cualquier novedad comercial relevante que desde entonces se haya puesto en marcha en España.

Cualquier estrategia agresiva para apuntar a su gran objetivo: el crecimiento expansivo y orgánico que le ha llevado hasta el macrobanco de casi 200.000 empleados para el que los beneficios generados en España (7%) son cada vez más irrelevantes. Como muestra de sus prioridades, recordemos su inhibición ante las posibilidades que ofrecía la reciente reestructuración y consolidación del sistema bancario español, por el que ha pasado de puntillas.

Cuando, en ocasiones, algunos economistas alarmados por sus desequilibrios, tenemos la tentación de minusvalorar la economía española y su tremenda evolución en las últimas décadas, nos conviene recordar la trayectoria del Santander comandada por quien ha traspasado a las puertas de sus 80 años, con liderazgo, expansión internacional en todos los continentes, innovación, eficiencia y solvencia, y generación de valor y de ocupación.

Si, por supuesto, con claroscuros y algunos oscuros completos. Pretender que éstos no se hubieran dado sería como esperar milagros de un sistema basado en la globalización competitiva que tan bien interpretó Botín.

Este obvio personalismo en la gestión del banco que hace que le apuntemos la mayor parte de los éxitos, implica que su sucesión sea mucho más trascendente que en direcciones más colegiadas. Hace ya un par de años, el Financial Times se hizo eco de la preocupación de los mercados sobre las incógnitas sucesorias del Santander. A pesar de ciertos movimientos, hoy sigue todavía incierta y el nombramiento de la nueva presidenta de hoy no despejará las dudas.

La primera obra empresarial del país merecería una buena resolución de la sucesión. Lo esperamos desde la admiración por la primera obra empresarial española.

Josep Soler es director general del Instituto de Estudios Financieros
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