Bolsa barata, aldea y test de liquidez

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28 de julio de 2009 (16:20 CET)

Remarcar que la renta variable cotiza con unos fuertes descuentos de valoración no constituye ninguna novedad. He sido tremendamente reiterativo al respecto. Pese a su espectacularidad plástica, las subidas bursátiles de los últimos meses apenas han logrado situar los distintos multiplicadores, PER, EV/Ebitda o Precio/Valor Contable, a niveles de la zona de mínimos de los peores momentos de los años 2002 y 2003. Si además los corregimos por el efecto de los tipos de interés, mucho más bajos ahora que entonces, resulta que las cotizaciones están no únicamente muy por debajo del valor de las empresas, sino que además, históricamente éstas tan sólo han estado tan baratas en contadísimas ocasiones. En su momento ya indicamos que se trataba de una de aquellas oportunidades que se presentan cada 20 o 25 años. Para aquellos inversores que toman sus decisiones con el binomio valor y precio, entendemos que la situación es clara.

El hecho de que en nuestro país el inversor esté actualmente inmerso en una especie de negativismo endogámico no refleja otra cosa que nuestra situación económica, tanto en su situación actual como especialmente en sus expectativas, está significativamente peor que la del resto del mundo. Hemos sufrido una burbuja inmobiliaria de una magnitud tal que muy pocos países en todo el mundo han vivido, y por su puesto su estallido tiene y tendrá para nosotros un impacto diferencial muy importante. En cierto modo nuestra situación se asemeja, en el extremo, a la de los habitantes de un pequeño pueblo que tuviera únicamente dos medios de vida: cereales y granjas. Supongamos que la situación económica de ambas actividades fuera pésima. Entre los habitantes de ese pueblo se retroalimentaría un negativismo sustancial: yo voy mal, mi vecino va mal, luego todos vamos mal. Afortunadamente el mundo es mucho más grande, estos habitantes deben abrir los ojos y salir de la aldea, invirtiendo en aquella multiplicidad de empresas baratas de todo el mundo que siguen teniendo unos resultados excelentes, en lugar de posponer su decisión de inversión hasta que vean que su propia actividad mejore.

Demasiado tarde. La percepción de crisis en otros países de la zona euro, no sólo Alemania o Francia, sino incluso en Italia es muy distinta a la nuestra. No hablemos ya de la percepción en Inglaterra, EEUU o Japón y, por supuesto, de amplias zonas asiáticas donde prácticamente siguen instalados en la euforia.
El futuro inmediato de la renta variable puede venir marcado por el devenir de la enorme liquidez existente en el sistema en manos de los inversores. Por ejemplo, el importe de los depósitos a plazo en la zona euro supone alrededor del 120% del valor de las bolsas. En los peores momentos del 2003 esta cifra no alcanzó siquiera el 100%.

Otro caso, el porcentaje de los fondos de inversión monetarios en EEUU supone alrededor del 40% de la capitalización del índice Wilshire (Incluye unas 5.000 empresas norteamericanas). En los peores momentos del año 2003 este porcentaje no llegó siquiera al 30%. Mayoritariamente estos fortísimos niveles de liquidez se han gestado en los peores momentos del año 2008 y 2009, ante el pánico global que se generó, que se apoderó de muchos inversores forzándoles a desinvertir. El dilema para esta multitud de inversores en la actualidad es la siguiente, o siguen esperando una fuerte corrección de mercado que les permita reinvertir a unos niveles inferiores a los que vendieron, o entran de nuevo en el mercado pese a recomprar las acciones a unos niveles claramente superiores. Existe, desde hace mucho tiempo, un consenso de que el mercado corregirá fuertemente, quizás precisamente por que una gran parte de estos inversores han estado al margen de la subida. ¿Predicción o deseo?. Evidentemente habrá las habituales correcciones pero, ¿desde que niveles?. Los amplios consensos difícilmente se han cumplido nunca. Muy probablemente la evolución próxima de las bolsas dependa de la decisión de estos inversores. Si no adquieren renta variable permanecerán con unas alternativas de inversión más bien pobres, tanto si optan por el mercado monetario, la renta fija o los inmuebles. Si, por el contrario, tras vencer el temor de una hipotética corrección del mercado para la cual tienen una predisposición nula, se deciden finalmente a entrar en renta variable, en cualquiera de sus múltiples formas directas e indirectas, el mercado podrá tener un recorrido alcista muy significativo. Pequeñas disminuciones en la liquidez pueden tener un gran impacto en las cotizaciones. Sólo un apunte para el inversor que no quiera entrar en los valores que han tenido un mayor recorrido en esta fuerte alza vivida, básicamente los cíclicos y los bancarios. Pese a la subida existe aún una multiplicidad de valores defensivos, que han permanecido prácticamente al margen de la misma. Hoy tienen oportunidad aún de adquirirlos y de, afrontando el riesgo de que puedan seguir al margen de la misma aún durante un cierto tiempo, beneficiarse en cuanto tomen el necesario relevo. Una vez lo hayan hecho ya, la situación para estos inversores, si no han invertido aún, se complicará aún más.


Jaume Puig Ribera
Director General de GVC GAESCO Gestión, S.G.I.I.C.
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