Bendita sea la clase media

17 de enero de 2014 (00:00 CET)

Las noticias sobre la defunción de la clase media suelen ser muy exageradas. Sí, la clase media ha pagado la crisis económica y se ha debilitado, con lo no quiere decirse que otros no lo hayan pasado peor.

Lo cierto es que la clase media lleva tiempo siendo el sostén de formas económicas, estabilidad política, estilo de vida y cosas tan peregrinas como la capacidad de ahorro. La precarización de la clase media en Europa es un dato, a la vez que está emergiendo una clase media en Asia. En África, la nueva clase media se estima en 300 millones.

Como de costumbre, echamos el agua de la bañera con el bebé dentro. Eso es lo que significa constatar la precarización de la clase media, transformada en low cost, y luego ya dar directamente por supuesto que la clase media es del todo innecesaria.

No es fácil imaginar un futuro sin clase media. Aún atrapada por la hipótesis de un enfrentamiento tectónico entre dos extremos económicos, la clase media tiene una vitalidad a prueba de devaluaciones internas, recortes presupuestarios y la creciente brecha salarial. Pero, ahora mismo, le falta confianza.

Lo confirma el líder laborista británico y líder de la oposición, Ed Milliband. Su propuesta es reconstruir las clases medias en Gran Bretaña, más allá de la crisis de confianza. “Nuestro país no mejorará si las clases medias siguen siendo débiles y están desmoralizada”, ha dicho Milliband, añadiendo que el Reino Unido no puede tener éxito y mejorar de forma colectiva a menos que cuente con una clase media fuerte y vibrante. Son palabras de un socialdemócrata.

Del empresario autónomo de clase media baja al profesional de clase media alta, lo que da energía a la clase media moderna es el ascensor social, la movilidad social. En este momento el ascensor se ha quedado entre dos pisos, pero la recuperación económica pudiera volverá ponerlo en marcha.

 
No es la primera crisis por la que pasa la clase media
 
En el caso de España, la familia ha resistido a tanta inclemencia. Cuando puede, se afinca en el estilo “Ikea” y en las marcas blancas, en respuestas ingeniosas al paro. Y los hijos de clase media están asumiendo que probablemente ya no tendrán el nivel de vida que han tenido sus padres. La demografía hará recaer el peso del estado del bienestar en la nueva generación, el reemplazo generacional.

La sociedad de post-clase media ha comenzado, pero eso es una reconversión y no un finiquito. En tiempos de polarización económica, las clases medias son aún más significativas en todos sus estratos. Se habla de post-clase media y también de un fin cadavérico de las clases medias. Pero con la clase media ocurre como con la brujas de Galicia: no creemos en las meigas pero, haberlas, las hay.
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