Barcelona-Dubái- Doha

19 de febrero de 2014 (19:46 CET)

Barcelona está más cerca de la región del Golfo y Oriente Medio que nunca o viceversa. Hace unos días, el enorme avión A380 de Emirates, de gran capacidad, inició en Barcelona sus vuelos directos diarios entre Barcelona y Dubái. La apuesta es una señal económica positiva e importante.

Es conocida la pasión de las fortunas de Oriente Medio, especialmente los árabes del Golfo, por invertir o comprar inmuebles, hoteles de renombre y centros comerciales en Europa y en el mundo. A finales de enero, un fondo de inversión de las Fuerzas Armadas de Qatar, Qafip, adquirió el Renaissance Barcelona por unos 78 millones de euros. Meses antes, otro fondo de este pequeño emirato, el Qatari Diar, compró el Hotel W de Barcelona por 200 millones. Esta tendencia no termina aquí, sino que otras operaciones importantes podrían anunciarse en un futuro muy próximo.

Varios hoteles emblemáticos de Barcelona pertenecen a capital árabe. Ejemplos: los hoteles Miramar y La Florida son propiedad del Fondo CPI del libanés Boutros El Khoury; el Hotel Palace, de un fondo establecido en Londres liderado por el argelino Ali Haddad; otro de los más relevantes es el Hotel Juan Carlos I y el Palacio de Congresos de Catalunya, que pertenecen al grupo Barcelona Project, propiedad del príncipe saudí Turki Ben Naser.

Barcelona empieza a estar de moda en Oriente Medio. Esta atracción por la ciudad va en aumento favorecida por el F.C. Barcelona, que ha facilitado acuerdos económicos: primero con Turskih Airlines y ahora con Qatar Airways. Se han establecido vuelos directos que son claves para acercar las distancias con esta región y han facilitado las llegadas de unos de los turistas con mayor capacidad de compras y gasto por estancia en el mundo –muchos de ellos pertenecientes a grupos inversores importantes--. Saudís, emiraties o qataríes que compran activos importantes en diversos sectores económicos de ciudades emblemáticas europeas, y que muestran interés por Barcelona, que debe aprovechar esta oportunidad y plantear iniciativas para rentabilizar el tirón al máximo. No sólo en el sector hotelero, sino también promocionando todo el tejido económico, financiero, industrial e incluso sectores como la moda, entre otros. Hay que cuidar de ellos porque son buenos embajadores para promocionar la ciudad.

Así que Barcelona ya empieza a estar en la agenda, tanto de fondos, empresas o turistas como lo están Londres, Ginebra, Nueva York o París. Y, si allí es habitual ver a este turismo de gran capacidad adquisitiva, ¿por qué no Barcelona?

La carrera entre las grandes ciudades tanto para atraer empresas y capital como turistas de alto poder adquisitivo es cada vez más difícil pero sólo resistirán aquellas capaces de diferenciar su oferta, innovar en sus productos y facilitar la logística para la llegada de estos inversores o visitantes. Además también se debe impulsar cambios positivos en el sistema de otorgación de visado, y facilitar el aterrizaje de nuevas compañías aéreas, lo que ayudará a aumentar el número de empresarios y visitantes tan deseados en estos momentos de turbulencias económicas.

Disponer de infraestructuras, como un gran aeropuerto, un puerto, un importante recinto ferial, una gran oferta hotelera, distritos de innovación, económicos e industriales son herramientas útiles para impulsar una coherente política de promoción internacional, capaz de desarrollar una oferta de servicios que sea a la vez cuantitativa y de calidad para atraer inversiones, congresos y sedes internacionales. Todo ello permitirá a Barcelona consolidar y rentabilizar aun más su marca o las infraestructuras, y aumentar el interés de las grandes empresas e instituciones internacionales, y especialmente las del Golfo, que disponen de más del 60% de los fondos de inversión a nivel mundial y de liquidez, y están buscando oportunidades que se adapten a su estrategia y ética inversora.

Es preciso tener una estrategia clara, un discurso sólido, conocimiento profundo de las realidades de esta región y demostrar capacidad de creación de la cultura de intercambio que tiene Barcelona.

La ciudad ha conseguido una transformación y un dinamismo que le ha valido el reconocimiento y la admiración del mundo. Pero ahora ha empezado otra carrera para consolidar y situarse entre las primeras ciudades a nivel mundial como centro económico y hub del mediterráneo.

Dar la espalda a esta realidad sería muy contraprucedente. No se puede actuar como si el éxito dependiese de la historia o como si el futuro estuviese predeterminado por el actual presente.
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