Artur Mas y Copérnico

09 de diciembre de 2013 (00:00 CET)

Artur Mas, de forma dubitativa y sin una estrategia, a veces parece tantear la posibilidad de un giro. Desde que Copérnico descubrió que el centro no era la Tierra sino el Sol, a todo cambio sustantivo se le llama giro copérnicano. Los consellers van dejando pistas confusas y tan contrapuestas que no se sabe si caminan hacia adelante o hacia atrás, hacia la ruptura o la recomposición, hacia la Tierra o hacia el Sol.

Mas lo tuvo mucho más fácil en la misma noche de las elecciones autonómicas, cuando perdió doce escaños. Era el momento para un mensaje abierto que pudo significar cosas contradictorias al mismo tiempo y una pausa en el desmoronamiento de Convergència. Ni quiso, no supo o no pudo hacerlo. Y ahora, aunque quisiera, ¿cómo puede hacerlo estando en manos de ERC y después de haber dado cuerda a los impulsos asamblearios del independentismo más radical?

Le queda lo que queda de una coalición que antes sabía pactar y que ha tenido momentos muy provechosos en el Congreso de los Diputados. Pero ahora nadie parece saber cuál es ese potencial moderado, ni que margen de maniobra le queda. Cuanto más se siga dilapidando el legado del pactismo y del sentido de la realidad histórica y económica, menos hacedero es el giro que descabalgue a la Generalitat de un tigre que arrancó desbocado y ahora llega a los parajes de la frustración.


 
Un tigre que arrancó desbocado y ahora llega a los parajes de la frustración
Sin calendario, sin pregunta, sin presupuestos, y sin consulta legal, ¿qué puede hacer Mas? El irrealismo ya no es una salida: por el contrario, es un stock agotado. Especialmente ante el mundo empresarial, la clase media, la Unión Europa, los inversores, la OTAN y la eurozona.

Desmoronado el tótem Pujol, ¿cómo podría CiU recuperar capacidad táctica y salirse del callejón sin salida? A veces se diría que Unió va a romper amarras; otras veces da la impresión de que la Convergència secesionista abrazará definitivamente a ERC. Entre los convergentes moderados se ve del todo incierta tanto la posibilidad de una consulta legal como de que el resultado sea afirmativo.

Es como ver llegar un alud y tener las manos atadas.
Atadas, ¿por qué razón? Según las interpretaciones más benévolas, Mas era un político para dirigir una gestión pero no para gestionar una secesión. Además, políticamente, desconoce la realidad del Estado y históricamente carece de pedigrí catalanista. A Copérnico lo complementó Galileo formulando la ley del péndulo.
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