Artur Mas se equivoca mientras Soraya acierta

19 de octubre de 2013 (18:54 CET)

Una vez al año, en otoño, los empresarios de Barcelona rinden homenaje a la memoria de Carles Ferrer Salat, un catalán de los que ha dejaron huella en la historia española.

La patronal Foment del Treball, la que en su día creó la CEOE, reúne en su regio salón a un buen número de industriales y ejecutivos de primer nivel para reconocerse gremialmente sus méritos. Este año le tocó el turno al presidente de Telefónica, César Alierta; al impulsor de Bodegas Torres, Miquel Torres; y a la memoria del malogrado empresario gerundense Jordi Comas.

Mientras Juan Rosell fue presidente de Foment, estas reuniones se hacían sin políticos. No se les invitaba. Cuando Joaquín Gay le sucedió en el cargo decidió abrir la mano hacia ese ámbito. De hecho es una práctica habitual que los políticos pontifiquen ante los empresarios en cualquier cenorrio corporativo, lo que permite a los primeros disponer de una tribuna gratuita desde la cual, gracias a la posterior amplificación de los medios de comunicación, trasladar mensajes a la sociedad con el aval de la concurrencia.

El pasado año, Artur Mas presidió el acto. Fue una noche de caras largas porque el President debía entregar un reconocimiento a Ángel Simón, presidente de Aguas de Barcelona (Agbar), y eso se producía cuando ya era de dominio público que su empresa había sido ladeada del concurso de privatización de ATLL en favor de Acciona. Si se permite el eufemismo, ladeada (como se están encargando de demostrar los tribunales de manera reiterada) de forma torticera y sin razones objetivas. Y, claro, Simón no estaba para festejos por más que el jefe del Ejecutivo catalán quisiera con su eterna e impostada sonrisa Profidén demostrar que allí no pasaba nada.

Este año, Gay de Montellà, que tiene vocación de componedor, ha querido que además de la Generalitat estuviera representado el gobierno central e invitó a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. Una apuesta lógica desde la óptica del empresariado, que sigue pensando que el diálogo y el pacto son la mejor arma para avanzar (“Estamos acostumbrados a pactar, lo hacemos cada día, en precios, con proveedores, con clientes, con bancos...”, dijo Juan Rosell en su discurso).

Pero el presidente de la patronal catalana todavía peca de inocente. Se le debió caer el lirio de la mano cuando a las cinco de la tarde del jueves, tres horas antes del acto, la Generalitat le confirma que Artur Mas no participará si no preside el acto. Resulta que la vice venía en condición de presidenta en funciones (Rajoy anda por Panamá) y, en consecuencia, el protocolo indicaba que debía ser la máxima autoridad presente en la fiesta empresarial. Mas no lo aceptó, cogió su rabieta nacional, y envió a su conseller de Indústria i Ocupació, Felip Puig, al que le temblaba la mano mientras leía un discurso improvisado que más parecía una redacción de un alumno de ESO.

Mas no estuvo en los premios Ferrer Salat. Ha desaprovechado otra oportunidad de mostrar su altura de miras, algo que a Jordi Pujol le sobraba. Si el ex presidente hubiera estado en ese trance habría sido capaz de ganarse al auditorio y dejar a Soraya en una posición difícil. Sin embargo, y ya sabemos que las comparaciones son odiosas, en esta ocasión sucedió lo contrario. La vicepresidenta tiene formación, tablas, discurso, no le tiembla el pulso para el mando y no cuenta en su currículum con ningún muerto en el armario. Se le advierte futuro político, ya lo verán. Y se llevó el gato al agua en la fiesta del empresariado catalán. No tanto por incomparecencia del adversario, que también se produjo, como por méritos propios. Es de justicia reconocérselo.

TRATAMIENTO SEMANAL DE CHOQUE:

Supositorio matinal >> Enrique Lacalle, habitual de esta mini sección y lo suponemos muy concentrado en los preparativos de su saloncito de venta de inmuebles a rusos y otras fortunas emergentes, llegó tarde a la fiesta. Saludó a la concurrencia despistado. Y salió raudo, sin cenar, cuando la vicepresidenta abandonó la sala. Iba con la comitiva del PP, Alicia Sánchez Camacho incluida, y en las mesas seguían preguntándose por qué el partido sigue dándole cobertura y a cambio de qué. Comentarios malévolos todos ellos, como se pueden imaginar.

Supositorio nocturno >> Hace días que Joan Gaspart está algo desaparecido. Es vicepresidente de Foment del Treball y no estuvo en su fiesta anual. Coincide con los rumores muy intensos y noticias antiguas de problemas en su grupo de hoteles con proveedores y administraciones. El hotelero sigue renegociando con cada uno de ellos para resolver la situación de su compañía mientras el run run del sector intenta darlo por finiquitado. Cierto es que por el especial carácter y personalidad del presidente de Husa esos rumores son cíclicos y recurrentes. Recuerdo que hace 20 años una fuente me llamó escandalizada para decirme que Gaspart no pagaba al carnicero. Dos décadas después los rumores subsisten y el hotelero, pese a las dificultades, mantiene la actividad.
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