Artur Mas ha perdido la apuesta

19 de noviembre de 2012 (20:02 CET)

Las encuestas que se publicaron el pasado fin de semana sobre las elecciones autonómicas catalanas presentaban tres coincidencias, coherentes con los anteriores sondeos.

La primera es que CiU no obtendrá la mayoría absoluta, que se quedará con un número de diputados similar al de esta media legislatura. De ahí se derivan dos conclusiones: a pesar de la política antisocial y de recortes de CiU en estos dos años, el electorado no le castiga en consecuencia, continúa a la cabeza de los partidos que concurren a las elecciones. Pero, a la vez, la apelación a “Madrid nos roba”, la Diada, el derecho a decidir y la “voluntad de un pueblo” no son suficientes para cambiar la opinión de los catalanes.

La segunda es que el PSC se hunde. No hay manera de parar la sangría. La razón fundamental es que arrastra las malas herencias del tripartito –que en realidad los dos años de gobierno de Artur Mas deberían haber atenuado- y de Rodríguez Zapatero –que la gestión de Mariano Rajoy, sus contradicciones, sus incumplimientos, deberían haber neutralizado-, un lastre que sus electores no perdonan.

La tercera coincidencia es el ascenso de ERC. Con un líder tan poco carismático como Oriol Junqueras, va a ser la gran beneficiaria del soberanismo popular que el Govern y sus resortes mediáticos han alentado con tanto entusiasmo.

La mayoría minoritaria que ofrecen las encuestas a CiU quiere decir que el 26N estaremos donde estábamos. Artur Mas tendrá varias opciones, pero solo una de ellas será coherente con el mesianismo con que está planteando la campaña y con la convocatoria precipitada de las elecciones.

Si no obtiene la respuesta que busca, Mas debe dimitir. No vale apelar a la mayoría absoluta y luego a la extraordinaria, a distanciarse más de los segundos en escaños, como hace ahora. Si los Fets de Setembre le llevaron a disolver el Parlament, los Fets de Novembre le deben llevar a tomar decisiones acordes con el tamaño de su fracaso. De momento, el president solo admite que de no conseguir la mayoría absoluta su proyecto político tendría más dificultades.

Otra opción sería ofrecer al PSC un gobierno de coalición, aunque lo más probable es que los socialistas catalanes respondieran como ya hicieron con Jordi Pujol cuando obtuvo su primera victoria. El complejo de ser comparsas les podría más que la posibilidad de modular y encauzar una política que, como ya se está viendo, lleva a ninguna parte.

También podría abrirse a ERC, pero sería un suicidio
. Buena parte de CDC se opondría y no digamos UDC o los empresarios catalanes. Eso lo sabe hasta el PP, al que el hundimiento del PSC le viene bien, pero que sabe que Artur Mas nunca se pondrá en manos de Esquerra. A medida que la campaña electoral ha ido desarrollándose, Mariano Rajoy ha visto más claro que la estrategia de CiU se ha convertido en una trampa para sus propios intereses.

Cabe una última salida, la geometría variable para llegar a un referéndum de urgencia que nos trasladaría a una situación aún más complicada, pero que acabaría por entregar a ERC las llaves de la gobernabilidad del país.
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