Apax Partners abandona España tras sufrir una sucesión de desastres

08 de noviembre de 2013 (20:04 CET)

Los inversores internacionales dirigen otra vez sus miradas hacia España. Les seduce la expectativa de encontrar una multitud de activos a precios razonables, cuando no verdaderas gangas, tras el devastador desplome que han experimentado en los últimos tiempos. Hasta hace un año, nuestro país sufría una caudalosa fuga de fondos. Ahora, en cambio, no parece sino que los atrae como un imán.

Las grandes firmas de capital riesgo, en su mayoría de cuño anglosajón, están regresando a estos lares carpetovetónicos para analizar empresas, descubrir posibles mirlos blancos e hincarles el diente. Pero algunas de esas multinacionales se tentarán la ropa antes de lanzarse a comprar, si alguien les pone sobre aviso y les explica algunas funestas experiencias recientes.

Una de ellas tiene de infeliz protagonista al fondo británico Apax Partners. Éste aterrizó por nuestras latitudes a finales de los años 80. Sucesivamente, entró y salió de numerosas firmas españolas con opíparas plusvalías. Es el caso, entre otras, de la consultora DMR, del Grupo Wisdom de entretenimiento interactivo y de Zed Lanetro, de contenidos para multimedia. Asimismo participó en la creación de la aerolínea Vueling, de la mano de Grupo Planeta; en Itevelesa, de inspección técnica de vehículos; en el portal de viajes eDreams; y en la telefónica Jazztel.

Pero en los últimos tiempos anudó un par de operaciones que resultaron aciagas. En 2005, compró a la familia Costafreda, La Caixa y Banco Sabadell la firma Panrico, fabricante de los Donut, por 775 millones en metálico. Apax sólo puso de su bolsillo 50 millones. El resto lo cubrió con créditos de la propia La Caixa y Banco Sabadell, más Caja Madrid, Bbva, ING y un centenar de bancos.

Panrico facturaba a la sazón 700 millones. Como en ocasiones similares, el objetivo de Apax era cebar la empresa y traspasar activos no necesarios para ir recuperando el dinero. Una vez dados estos pasos, Apax pretendía envolverla en un lacito rosáceo y endosarla al mejor postor. Las sabias cabezas pensantes del fondo calculaban que las condiciones justas para soltar el petardazo se darían en 2010, cuando Panrico alcanzase la redonda cifra de mil millones de giro. Así que, para engordar su trofeo y hacerlo más apetecible, Apax adquirió la firma de galletas Artiach y la de pastelería industrial La Bella Easo.

Pero sobrevino la crisis. Las posibilidades de revalorización se esfumaron. Los cambios en la cúpula de la firma de bollería se sucedieron. Por el consejo de administración desfilaron César Bardají, ex líder de la aseguradora Winterthur y ex consejero delegado de Gallina Blanca y de la inmobiliaria Renta Corporación; Joan Cornudella, alto directivo de Agrolimen; y Juan José Brugera, el polifacético ex director general de Mutua Madrileña y hoy presidente de Inmobiliaria Colonial.

Los tiburones de Apax, encabezados por Nicolás Bonilla y Oriol Pinya, trataron de vender Panrico, pero las ofertas que recibieron apenas llegaban a la mitad de lo habían desembolsado por la empresa. Así que ni cortos ni perezosos, dieron en actuar a imagen y semejanza de los inmigrantes desventurados que se quedan en paro y no pueden afrontar el pago de la hipoteca. O sea, que entregaron las llaves de Panrico a los bancos acreedores y se largaron con viento fresco.

Pero como la elaboración de Donuts no es precisamente el cometido nuclear de la banca, ésta se la sacudió de encima a la primera oportunidad y la traspasó al fondo buitre Oaktree, especialista en comprar la deuda de compañías quebradas.

El nuevo dueño ha inyectado recursos frescos para enderezar el rumbo Panrico. Pero el éxito se le resiste y ya ha anunciado que no piensa poner un céntimo más sobre la mesa. La firma de los roscos azucarados navega hoy a la deriva, a un ritmo de 150.000 euros de quebranto diario.

El pasado ejercicio su giro cayó de 384 a 348 millones. Las pérdidas menguaron de 275 a 106 millones, pero acumulan en el último cuatrienio un saldo negativo de nada menos que 760 millones, totalmente irrecuperables. La situación es tan angustiosa que no se puede descartar ninguna medida, incluido el uso de papel sellado.

Electro Stocks, otra inversión calamitosa

Apax tampoco ha logrado los laureles que esperaba de su incursión sobre otra gran compañía catalana, Electro Stocks, distribuidora de material eléctrico. Se hizo con su control en 2007, cuando ya la crisis asomaba su cabeza. Pagó la bagatela de 360 millones de euros contantes y sonantes a las familias propietarias, capitaneadas por Juan Balanyá Martí y Manuel López Rodríguez. La compañía registraba ventas por importe de 400 millones y obtenía rentabilidades del orden del 10%.

Mas ocurre que el negocio de dicha firma está estrechamente ligado a la construcción. Y el sector del aparellaje eléctrico es uno de los más damnificados. Sólo el año pasado las transacciones del ramo cayeron un promedio del 25%. Para el que ahora corre se prevé otro recorte, aunque bastante inferior.

Por tanto, no es de extrañar que Electro Stock ande de mal en peor. Apax ha seguido en este caso el mismo patrón que en Panrico. Fusionó las 81 empresas que componían el grupo, compró otras sociedades complementarias y concentró su red de almacenes en tres localidades.

Luego rehízo el plan de negocio y refinanció la deuda con el banco holandés ING, hasta que éste hubo de pasar de acreedor a accionista de Electro Stock con el 25% de su capital.

El año pasado, las adversas circunstancias obligaron a reajustar el dichoso plan, con reconocimiento de una merma de sus activos de 40 millones. A la vez, se puso en marcha un ERE para los mil trabajadores de la plantilla. La cifra de negocio de Electro Stocks cayó durante el último ejercicio de 214 a 185 millones y las pérdidas subieron a 8,2 millones.

El balance global de la presencia de Apax en Electro Stocks se resume en un agujero acumulado de casi 80 millones y en una caída de la cifra de negocio superior al 50%.

Esta concatenación de desastres explica que el alto mando de Apax haya acordado abandonar España. Como reza el refrán, gato escaldado del agua fría huye.
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