Antoni Martí: el primer interventor de Andorra

11 de marzo de 2015 (00:00 CET)

Antoni Martí llegó a la avenida Meritxell de Andorra la Vella, sede del Gobierno, con las lecciones de Jaume Bartomeu bien aprendidas. Él y su antecesor persiguen una economía moderna y homologable en la OCDE. No queda otra que desmontar los andamiajes alzados desde los años 30 por los clanes financieros del Pirineo. Con sus artimañas convirtieron al pequeño país entre cumbres en un paraíso fiscal. Ahora, años después, Estados Unidos (EEUU) vomita en el valle informes que espolean la vergüenza.

Abiertamente, Martí encarna al político que peores relaciones cultiva con los dueños de Andbank y de la denostada Banca Privada d'Andorra (BPA). Los electores llaman Toni a Martí: no soporta ni a los Cerqueda ni a los Cierco y si el destino reservaba a alguien la primera intervención de un banco andorrano, el señalado, por insistencia y convicción intelectual, debía ser el reelegido, por mayoría inapelable, jefe del Ejecutivo.

Las acusaciones de EEUU sobre uno de los cinco grupos de crédito del Principado, el que rigen los Cierco, estremecerían incluso a la burguesía catalana. Por décadas, las estirpes barcelonesas han blanqueado capitales con impunidad ante las mismísimas bruces del Gobierno andorrano. La tradición empresarial camufló su condición de fondo buitre con máscaras que reivindican la revolución industrial de principios del siglo XX, pero jamás llegó tan lejos como algunos clientes mafiosos de BPA.

Estirpes

Los delitos estremecen al más templado e ilustre apellido: desde la trata de personas a actividades mafiosas de toda índole. Los bancos andorranos se construyeron con el pase cautivo de tabaco fronteras arriba y abajo. Los Cierco no sólo se ataban al contrabando, sino que delataban, cuentan en Andorra la Vella, a los porteadores que no atendían a sus oscurísimas condiciones. La delación fue tan grosera, que la actual generación de los Cierco aún no ha recibido el perdón del resto de castas.

Por esa condición delatora, jamás han tocado poder político. No se puede decir lo mismo de los Cerqueda o los Ribas Reig, que mantienen su histórica influencia sobre los poderes andorranos. Cinco ministros del nuevo gabinete son nombres próximos a los linajes bancarios; orientan al regulador y anestesian la policía financiera. Sólo el ímpetu de Martí y su aversión a tales sagas los mantiene a raya… de modo que procede una cuestión. ¿Habría Andorra intervenido BPA con otro presidente? La respuesta, seguramente, es no.

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