Antoni Marsal, expulsado del paraíso

22 de junio de 2012 (14:16 CET)

El tiempo se detuvo en las caballerizas del Real Club de Polo y sobre la tierra batida del Turó. No hace tanto, ambos clubs se unificaron bajo la batuta de Joaquín Calvo y aquel día, el desaparecido Guillermo Bueno Henke (inspirador histórico del Turó) dejó de ser tenista exclusivo para convertirse en jinete.

Bueno Henke, presidente eterno de la Unión Patronal Metalúrgica (UPM), descorrió los visillos de un mundo que todavía se resiste a ser colonizado. Diseñó su éxito profesional bajo el dintel de una puerta que comunica el corazón de la endogamia con el dinero fresco de los nuevos ricos: era suegro del hotelero Joan Gaspart y cuñado del llorado Josep Maria Figueras Bassols, ex presidente de la Cámara de Comercio, fundador de Habitat, poliédrico mecenas y patrón de yate. Cuando Bueno Henke accedió a la presidencia de la UPM, nadie sabía de su longevidad en los cargos.

Durante décadas, retuvo en sus manos el legado metalúrgico de Miquel Mateu i Pla (empresario, alcalde, abate de Perelada y embajador en París); y solo abandonó el puente de mando frente al auge de Antoni Marsal Fábregas, claro exponente del Vallès industrial, un espejismo llamado a la reconversión inaplazable.

Cuando Marsal tomó el relevo en la UPM, la “pérgola y el tenis” sobrevivían, aunque ya no eran un dominio exclusivo de químicos y cementeros. Del mismo modo, el Polo y sus jinetes habían dejado de evocar a los viejos textiles (los Muntadas Prim de la España Industrial) y a los siderometalúrgicos menguantes (los Mateu, Rivière y Rubiralta, por riguroso orden de liquidación).

Marsal desconocía que el espíritu de un tiempo pesa más que el dinero y quizá por eso ha durado poco en la presidencia de la UPM. No le falta vocación pero, como es bien conocido, los empleados de la agrupación metalúrgica le acusaron del cobro irregular de más de 600.000 euros. Parte de la plantilla de la UPM señaló además una posible responsabilidad compartida de Ángel Hermosilla, el director general de la misma organización, un cargo en el que confluyen el valet de chambre y el economista orgánico.

La denuncia contra Marsal fue el segundo escalón descendente de su carrera. El primero data de unos años antes, cuando cesó como CEO de Estampaciones Sabadell (Essa) y tuvo que vender las acciones de la empresa, que figuraban a nombre de su ex esposa, Rosa María Bonet. El patrón absoluto de Estampaciones, Jaume Bonet, recuperó entonces el 100% de la metalúrgica fundada en 1972 por su padre, Jaume Bonet Preseguè, antiguo socio de Juan Echevarria Puig, forjado en la prístina cadena de Motor Ibérica y ex presidente de Nissan. Marsal jugó y perdió. Fue expulsado del paraíso por el censo enfitéutico catalán que vincula familia, trabajo y patrimonio. En su lugar, Essa fichó de director general (sin acciones) al troquelero Miquel Estopá, procedente de Fiat.

El mundo metalúrgico (un sector de acento nacionalista) se arracima en el just in time de las cabeceras automovilísticas. Vive alrededor de Seat o de Nissan, pero también compite en la General Motors de Zaragoza o en la Ford de Almussafes, muralla industrial de Valencia, Covadonga de la España conservadora.

En sus mejores años, la UPM simbolizó la potencia industrial de Catalunya, paraíso de mutantes ideológicos, como lo fue Bueno Henke, ex delegado de Urbanismo de Barcelona y ex presidente del Banco Condal, una ficha que pasó por la Rumasa de Ruíz-Mateos y que fue adquirida por Fibanc, el actual Mediolanum de Carles Tusquets.

Ahora, la descabezada organización sectorial resigna su mando en la figura de Manuel Rosillo, un vicepresidente alejado de las cadenas de montaje, propietario de una pyme metalúrgica y dotado con el encanto del maestro de escuela. Pero la decadencia asoma y, a su paso, la opción de Rosillo ha dejado de ser la única.

El segmento más genuino del sector aboga por un perfil exclusivamente metalúrgico y anticipa el nombre de Josep Morell, vocal en una junta asamblearia de 52 miembros y miembro del plenario de la Cámara de Comercio de Barcelona.

El gremio se ha secado con los años. En la directiva de la UPM conviven empresarios como Xavier Pujol (Ficosa), Oriol Guixà (La Farga), Xavier Torra (Simón) o el honorífico veterano Salvador Gabarró, actual presidente de Gas Natural Fenosa, ubicado en la antípoda vital del fundador de la gasista, Pere Duran Farell, cuyas cenizas sobrevolaron el Sáhara, en el Gran Erg Occidental de Timimoun.

La economía productiva es un cruce de aventura y ciencia. El emprendedor vive en un oficio sin vara de medir que rechaza el abuso interpuesto, como las sociedades utilizadas por Marsal (MCR Capital y Cuatro 21 SL) en la distracción de fondos procedentes de sus propias cuotas.

Aceptar a Marsal sería como gastar con la mano izquierda lo que se gana con la derecha. En las sirtes del negocio patronal no se puede estar en misa y repicando, y menos ahora, cuando la depresión agudiza la diáspora de la industria auxiliar. La masificación gana a la selección porque la crisis iguala por defecto, no por exceso. Las caballerizas del Polo han perdido pedigree. Y en los senderos que bordean la tierra batida del antiguo Turó, las espuelas de los jinetes ya no llevan metales incrustados.
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