Año electoral, año perdido

Rafael Suñol

01 de marzo de 2015 (22:18 CET)

No hay duda de que llevamos seis trimestres consecutivos de crecimiento del PIB; su ritmo va ganando intensidad, por encima de lo esperado. Por tanto, no hay discusión sobre el crecimiento de la economía española, aunque también es cierto que solamente se han recuperado 2,3 puntos porcentuales de los ocho  que se perdieron en la crisis. (Laborda).

Pero no creo que la discusión deba centrarse sólo en el crecimiento del PIB. Existen dos aspectos mucho más relevantes. El primero es si España está creciendo bien; el segundo es si la gente lo está percibiendo; si las brechas de desigualdad y paro van reduciéndose… si vamos hacia un país mejor, si hemos superado la crisis.

Respecto de la primera pregunta, crecer bien significa crecer consistentemente con un modelo que se autoalimenta sin riesgos de recaer en la crisis. En otros términos: que la balanza por cuenta corriente no vuelva a entrar en déficit, que se pueda financiar la inversión con ahorro interno, que paulatinamente se pueda ir reduciendo la enorme deuda interna y externa.

Se ha instalado la idea de que las desigualdades son secuelas inevitables de la crisis, pero no es así


Y este crecimiento sano y consistente no se da. El empleo que se va creando --en media anual del 1.2%-- se localiza en actividades de bajo valor añadido, baja productividad, empleo precario y bajos salarios. Y por otro lado el Gobierno "regala" ingresos fiscales a los ciudadanos en lugar de rebajar deuda pública (101% del PIB a final de 2015, y creciendo), y ajustar el déficit público al objetivo europeo (4,3% del PIB). El "regalo" se cifra en 9.000 millones en 2015 y 6700 millones en 2016. Se nota que estamos en año electoral.

La posición del Gobierno es que estamos en franca recuperación, tan bien o mejor que Alemania, y que, en consecuencia, no hay que hacer nada distinto. Como además el "dopaje", en expresión del profesor Josep Oliver, del BCE nos va a inundar de dinero, y la caída del precio del crudo se ha hecho para "ayudar a España", no hace falta hacer casi nada.

Lo que nos lleva a la segunda pregunta. ¿Realmente la gente percibe que las cosas están yendo bien? Los datos son bien contundentes. Según Cáritas, España tiene el 27,3% de la población en riesgo de pobreza y exclusión social. Se ha instalado la idea de que son secuelas inevitables del largo periodo de crisis y que cuando la economía crezca van a ir revertiendo.

Pero no es ni será así. Lo que está sucediendo es que a los parados de larga duración les cuesta muchísimo más encontrar empleo y, este hecho condena a una amplia capa de la población a la exclusión de por vida. La incidencia del paro de larga duración se sitúa en el 61,8% de la media en 2014.

Ante estas evidencias parece incomprensible que se haya renunciado a las políticas activas de empleo. A estudiar caso por caso cuál es la mejor manera para recolocar a un parado. A dar oportunidad al sector privado a que intente mejorar la operatividad del sistema. Parecen pensar que dando un buen subsidio de desempleo, y cuando éste se termine, más ayudas de "subsistencia" de 400 euros, el sistema ya ha cumplido, que deja de ser de su responsabilidad.

Todo parece indicar que con el crecimiento inercial no se van a superar las profundas heridas sociales


"Desde que Rajoy llegó a Moncloa, 600.000 personas han perdido su puesto de trabajo y 400.000 han desaparecido de las estadísticas de población y paro, ya que han emigrado" (José Carlos Díez). Es evidente, España tiene un gravísimo problema con el empleo. No es de fácil solución, pero no parece que con retoques en el mercado laboral volverá a crecer la población activa, ni va a emplear a parados de larga duración.

Todo parece indicar que con el crecimiento inercial no se van a superar las profundas heridas de la crisis. No nos queda más remedio que esperar a las elecciones de final de año para que las distintas sensibilidades de la población puedan decirnos cómo se debe conducir la economía española… ¡con permiso de Europa!
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