Amortizar la hepatitis

13 de enero de 2015 (20:14 CET)

Estos días ha habido una gran agitación con los afectados por la hepatitis C. Se calcula que en el Estado hay 900.000 infectados, aunque sólo 300.000 serían conscientes. Los enfermos reclaman a las autoridades sanitarias que no se los niegue el acceso al nuevo fármaco --sofosbuvir-- que, al parecer, tiene una efectividad de curación del 90%.

Tanto el Ministerio de Sanidad como la Consejería de Salud de Cataluña han ofrecido suministrar el medicamento pero a un número muy reducido de pacientes. Sólo llegará, básicamente, a los más graves debido a su elevado coste.

El precio que el laboratorio fabricando de sofosbuvir, Gilead Sciences, fijó por los Estado Unidos era de de 100.000 dólares (cada pastilla cuesta 1.000 dólares) pero varía según los países en que se distribuye. En España se hablaba que se comercializaba por 60.000 euros, en línea con el precio de Inglaterra o Alemania, y, posteriormente, se decía que se había llegado a un importe de 25.000 euros.

Según Gregg Alton, vicepresidente de Gilead Sciences, han fijado el precio pensante en una cifra justa en cada territorio según el valor que dan al sistema de salud y a los pacientes. ¿Es posible?

Pues bien, de acuerdo con un trabajo de economía aplicada realizado por unos estudiantes de Pompeu Fabra y dirigido por el profesor Antonio Bosch (curso 2006-2007), el coste anual de los tratamientos que se recetan actualmente es de 30.500 euros anuales por paciente. La cifra incluye los fármacos, las hospitalizaciones y las consultas. El número de pacientes era de 77.000 y el coste anual para la sanidad catalana de unos 2.500 millones, el 19,2% del gasto público.

Supongamos que estas cifras no hayan variado excesivamente. El nuevo tratamiento sale por 60.000 euros por persona y significa una cura del 90% de los casos en tanto sólo 12 semanas. Atender a los 77.000 infectados costaría 4.600 millones de euros; pero el gasto se haría de una sola vez. Es mucho más ventajoso este escenario que gastar 2.500 millones anuales con el sistema antiguo.

En principio, resolver la financiación de una operación económica ventajosa tendría que ser sencillo pero el sector público no lo tiene fácil. Ahora bien, del mismo modo que hay un Banco Europeo de Inversiones para sufragar infraestructuras, también podrían existir instituciones con el objetivo de resolver problemas económicos de los Estados como el de la hepatitis C.

Una posibilidad sería que la financiación corriera a cargo del sector farmacéutico o de la propia Gilead Sciences, que tiene delegación a la avenida Paralelo de Barcelona, mediante un contrato con el sector público que ejercería de intermediario. Se puede elaborar un plan de amortización a ocho años a un interés del 4% en el que durante el primer ejercicio se destinara el importe del gasto actual al curar la hepatitis C (2.500 millones de euros); en el segundo, la mitad de esta cantidad; y, en ocho años, se habría amortizado el coste de curar a los enfermos con un ahorro por el sector sanitario del 19,2% de su presupuesto.

Es una solución que podría estar bien en un país sano, pero también se tiene que tener en cuenta que las enfermedades económicas que pueden ser mucho más graves y trascendentees que las sanitarias. Nosotros sufrimos una enfermedad llamada crony capitalism en que unas células con forma de chorizo llamadas crony acaparan todo el oxígeno de la sangre dejando el cuerpo entero en estado de anemia crónica. Pedir la intervención del sector farmacéutico en el estado avanzado de crony capitalism que sufrimos todavía agravaría más esta infección.

El problema planteado con la hepatitis C fácilmente puede surgir de nuevo ante cualquier otra patología. El elevadísimo precio del tratamiento ha generado polémica y los ingresos de Gilead Sciences han sido espectaculares habiendo grabado unas ventas del fármaco de 2.270 millones de dólares en el primer trimestre de 2014. En el segundo trimestre, la cifra llegó a los 3.480 millones. Pero tal y cómo dice su vicepresidente (y se puede comprobar), la adquisición de la medicina supondrá un ahorro muy importante por los sistemas de salud públicos en un plazo relativamente corto. Gilead Sciences no obtendrá las ganancias por la cura de los pacientes en forma de renta anual a 20.000 euros por persona --que no es poco-- que reciben los actuales laboratorios productores del tratamiento tradicional de la hepatitis C.

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