Algunos políticos en las nubes; el mundo del trabajo llegando a acuerdos

19 de noviembre de 2015 (19:32 CET)

Viejo refrán sueco: "Quién paga a sus trabajadores con cacahuetes solo tendrá monos". 

Ahora, que tantos le dedican más tiempo a las esencias que a las existencias, es una buena noticia para el mundo del trabajo, las empresas y la economía de Cataluña, que el próximo 27 de noviembre se firme por CCOO y UGT y las patronales Foment del Treball, Fepime y Pimec el Acuerdo Interprofesional de Catalunya (AIC) 2015-2017.

También para el conjunto de España lo fue la firma el 8 de junio del III AENC, aunque padeciera un sospechoso vacío en los medios de comunicación. Ambos acuerdos apuntan a la voluntad de los Agentes Sociales y Económicos de mirar la realidad de los centros de trabajos, y la urgente necesidad de reformar y mejorar desde su principal instrumento que es la negociación colectiva.

Una negociación colectiva que debería ser capaz, como anuncia este acuerdo, de incorporar nuevos instrumentos de flexibilidad y nuevos derechos de participación de los trabajadores y trabajadoras y sus representantes. Además de información transparente de la marcha de las empresas sobre los resultados, los proyectos, y unos convenios colectivos que deberían ser un acicate y una base sólida para el necesario cambio de modelo de relaciones laborales e industriales, basadas en la cooperación y el esfuerzo común.

Como el acuerdo firmado para 2011-2014, el AIC para 2015-2017 es, o eso nos gustaría entender, una positiva y clara expresión de la voluntad patronal y sindical para superar esa vieja flexibilidad externa, que se sustenta en el desequilibrio entre derechos y obligaciones desde un mercado de trabajo desregulado y precario. Esa flexibilidad, a la que nos tiene acostumbrados tantas empresas en nuestro país, que provoca desregulación y deterioro de las condiciones de trabajo y que, como hemos visto en los últimos años, cuando las empresas afrontan dificultades, da adiadas consideran el despido como la primera y única opción.

A partir de ahora, la música contenida en el AIC, sus recomendaciones,  directrices y declaración de intenciones deben traducirse en realidad y en letra en los cientos y miles de convenios colectivos. Y estos deberían poder responder a las exigencias de cada realidad sectorial y de empresa y, en la práctica, deben pasar de regular, en muchos casos, las condiciones de trabajo únicamente de los colectivos menos cualificados de las empresas, a atender también las necesidades de los grupos de personas con mayor cualificación y responsabilidad, cuyo salario real y sus condiciones prácticas están al margen del convenio colectivo.

Desde la música de este nuevo AIC se debe iniciar un cambio en la actitud,  tan extendida en tantísimas empresas, de falta de confianza mutua, uno de los principales escollos de nuestras relaciones laborales y, con ello, avanzar en un modelo que permita establecer una adecuada relación entre los costes laborales, la situación de la empresa y también sus  beneficios. Avanzar en una relación de diálogo, construyendo el compromiso de los trabajadores y trabajadoras con la mejora de la productividad, entendida como ese mix de esfuerzo, mejora formativa, aplicación de tecnología, reinversión de excedentes y gestión eficaz, que exige compromiso por ambas partes. Y sí, cuando las cosas van bien, los beneficios deben ser para todos

Conscientes de que avanzar en la música del AIC exige, inexorablemente, que los empresarios confíen en ellos mismos, en su capacidad de negociación y acuerdo, y que dejen de esperar que todas las soluciones vengan de las reformas legislativas. Porque, como se demuestra en muchas ocasiones, desde la autonomía de las partes, desde la negociación y el acuerdo, es desde donde se alcanzan las mejores soluciones, que siempre son infinitamente más eficaces cuando la letra está escrita conjuntamente por las dos partes. Y también exige a los sindicatos aceptar que no están jugando en campo contrario cuando hablan de mejorar la eficiencia del trabajo, ni cuando hablan de mejorar la productividad y la competitividad de la empresa.

El AIC es una llamada a superar de una vez la vagancia negociadora de quienes han esperado que las leyes y las reformas legislativas resuelvan el complejo mundo del trabajo y su déficit de cultura de negociación. En estos tiempos necesitados de una ofensiva sindical, el acuerdo tiene especial relevancia para atender y mejorar las condiciones de trabajo (salud laboral, accidentes de trabajo, igualdad, formación, información….), que necesitan una fuerte innovación en las propuestas, tanto sindicales como empresariales, para que sean capaces de responder a las demandas y exigencias de los profundos cambios que vive la empresa y las formas de trabajar y reparar el grave estropicio creado en los últimos años a nuestro deteriorado mercado de trabajo.

Ahora, sólo cabe exigir y esperar de las organizaciones firmantes el esfuerzo y compromiso para poner letra a la música de este acuerdo, y el rigor, tan poco practicado, para hacer el balance y la evaluación de la aplicación y el resultado de lo pactado. Ahora solo falta que los firmantes pongan la letra y hagan realidad las intenciones que recoge el AIC.

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