¿Alguna propuesta más?

20 de septiembre de 2015 (21:22 CET)

"Nos buscamos los dos. Ojalá fuera éste el último día de la espera".

Jorge Luis Borges

No sé quien ha diseñado la estrategia del Gobierno del Estado para acabar con el independentismo en Catalunya, pero es evidente que las cosas no les están acabando de funcionar.

Han puesto en marcha toda la maquinaria diplomática y gracias a ello han conseguido declaraciones de Obama, de Cameron, de la Comisión Europea y del sursum corda para dejar claro que el apoyo internacional al proyecto secesionista es nulo, que comportaría la salida automática de la Unión Europea y que dejaría a Catalunya aislada y sin reconocimiento exterior.

Las principales asociaciones empresariales, los bancos, los dos grandes partidos españoles (PP y PSOE) y los dos emergentes (Ciudadanos y Podemos) se han manifestado claramente en contra, con apenas algún matiz en cuanto al derecho a decidir o a la reforma de la Constitución (sin concretar los beneficios de dicha reforma para Catalunya). Incluso se ha sugerido una intervención militar. Y sin embargo, parece evidente que los partidos favorables a la desconexión con España van a ganar claramente las elecciones. Es decir, que anuncian el caos, nos meten el miedo en el cuerpo, nos amenazan con todas las catástrofes posibles (alguna de las cuales tiene visos de ser real) y sin embargo, una gran parte de los catalanes no se amilanan y van a apoyar a Junts pel Sí o la CUP.

Ni siquiera la alternativa de Catalunya Sí que es Pot (que debería capitalizar el voto de protesta contra el sistema) obtendrá muchos más votos de los que ya obtenía Iniciativa per Catalunya antes del invento de Podemos. ¿Es que nos hemos vuelto todos locos?

¿A nadie se le ha ocurrido en Madrid que una parte importante de los catalanes que se han convertido al independentismo nunca lo habían sido, y que lo que consideran que está en juego es su dignidad como pueblo? ¿Y que el miedo y las amenazas no son más que un estímulo para fortalecer su voto, porque son los sentimientos los que están actuando como detonante y el orgullo es la única respuesta?

¿No sería más razonable presentar alguna propuesta en positivo, algo que ofrecer para convencer a una parte de los conversos (si es que aún queda gente susceptible de ser convencida) de que es mejor quedarse que marcharse? Por favor, como en aquel chiste de Eugenio, ¿hay alguien más?

Desde la racionalidad que me insiste en que este es un camino inviable, lleno de baches y precipicios, no hago más que preguntarme a quién le interesa un escenario como el que se dibujará después del 27-S. Un Parlament soberanista proclamando por mayoría una declaración de soberanía unilateral que confía en que el Gobierno del Estado se sentará a negociar (¡cuánta ingenuidad!) y al otro lado un interlocutor que se negará a aceptar cualquier cesión de soberanía alegando la inquebrantable unidad de la Nación española.

Sé que es un tema recurrente, pero este extraño proceso donde todo el mundo parece haber perdido la sensatez me recuerda constantemente que el emperador está desnudo, aunque nadie se atreve a decirlo, y el cuento, como el laberinto de Borges, es un cuento sin final. Como el jardín de los senderos que se bifurcan…
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